La increíble y… ¿verídica? historia de la desaparición del sol narrada en Twitter

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Imagínense que, una mañana, despiertan gracias a la alarma de su despertador, se levantan, preparan el desayuno y, cuando miran por la ventana, se percatan de que todavía sigue oscuro ahí afuera. ¿Acaso fue un error del despertador? ¿O no pudieron conciliar el sueño?

Deciden esperar a que pasen las horas, pero sigue estando oscuro. Las nueve, las diez, e incluso ya son las doce del mediodía y todavía no hay pistas del sol. Se preocupan y prenden la tele, donde sale un reporte periodístico de que la ciudad entera entró en una psicosis colectiva por la ausencia del sol. ¿Qué demonios está pasando?

Esto que acabo de contar no es un invento mío. Todo comenzó con una misteriosa cuenta de Twitter llamada “El sol ha desaparecido”. Inició su publicación en Abril de este año, siendo su último tweet en julio. Después de eso no se supo más nada de él. Si quieren ver la cuenta de Twitter original, hagan clic en el siguiente enlace: https://twitter.com/thesunvanished?lang=es

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Actualmente, un blog llamado “Traducciones Terroríficas” se tomó la molestia de traducir los tweets de esta cuenta para que, así, a los que nos cuesta leer en inglés, podamos entender la historia. Si quieren leer su traducción, visiten el siguiente enlace: https://traduccionesterrorificas.blogspot.com/2018/05/el-sol-ha-desaparecido-twitter.html

A lo largo de los meses, el autor de “El sol ha desaparecido” cuenta las peripecias por las que debe pasar en un mundo donde reina la oscuridad. Por algún motivo su cuenta de Twitter es el único método que encontró para comunicarse con el mundo exterior. Y cuando creía que no tenía a nadie más, aparecieron otros dos individuos que pasaban por lo mismo que él. Ellos son Nak y Tucker. Sus últimos tweets datan de julio de este año y, hasta ahora, no se sabe más nada de ellos. Si les interesa leer sus versiones, les proveeré los enlaces de sus cuentas oficiales y sus respectivas traducciones de la mano de “Traducciones Terroríficas”.

Twitter de Nat: https://twitter.com/LostSunNews

Traducción al español: https://traduccionesterrorificas.blogspot.com/2018/07/el-sol-ha-desaparecido-la-guia-de-nat.html

Twitter de Tucker: https://twitter.com/thmadjoy

Traducción al español: https://traduccionesterrorificas.blogspot.com/2018/06/el-sol-ha-desaparecido-la-version-de.html

Teorías al respecto

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Después de que se difundiera esta extraña historia con tinte verídico, internet se ha llenado de diversas teorías sobre lo que realmente significan estas cuentas. A continuación mencionaré algunas de ellas.

Todo ocurre en un mundo paralelo: Así es. Por algún extraño motivo, el administrador de “El sol ha desaparecido” se encuentra en un mundo paralelo, pero logró contactarse con nuestro mundo a través del Twitter. Es por eso que somos conscientes de lo que le está pasando.

El administrador (y muchos otros) sufrieron del Efecto Mandela: Como han visto en una entrada anterior, el efecto Mandela afecta a una gran cantidad de personas que creyeron haber vivido o experimentado ciertas cosas que jamás ocurrieron. Quizás ésto les habrá pasado a los que crearon dichas cuentas y, al “volver a la normalidad”, comprobaron que tal fenómeno nunca ocurrió. Ni existen registros oficiales del acontecimiento.

Están promocionando una próxima película o serie de terror independiente: Ésta es la teoría que ha ganado más adeptos en el mundo del internet. Todas esas cuentas de Twitter, los videos, las fotografías y los mensajes, forman parte de la promoción de alguna película o serie de terror independiente de bajo presupuesto. Solo basta con leer algunos tweets, que son prácticamente clichés de películas de invasión extraterrestres o actividades paranormales.

El que creó la cuenta de Twitter lo hizo por tekorei: Ésta la creé yo. Así es, pienso que era algún chico que, por estar tekorei o con muuuucho tiempo libre, quizo entretenerse publicando esta historia. Y su nivel de tekoreismo es tal que hasta consiguió editar una noticia falsa, guardarlo en un pendrive, conectarlo a la tele y transmitirlo como si fuese una noticia real. Aunque la verdad debo felicitarlo, ha sabido aprovechar bien su tiempo libre y crear una historia fascinante, hasta el punto de lograr que él mismo se lo creyera. Quisiera tener también esa habilidad para obtener mis minutos de fama. Sería sensacional.

Y ahora bien, ¿qué piensan al respecto? ¿Qué harían si, un día, el sol desaparece y vivimos en la eterna oscuridad?

La masonería en Paraguay

Durante el gobierno de don Carlos Antonio López, inició sus actividades- en forma clandestina- la logia masónica ‘Pitágoras” dirigida por el venerable Enrico Tuba, de nacionalidad italiana.

Otra logia que actuó en el Paraguay en la misma época fue la logia volante “Conway”, que llegó a bordo del buque británico “Locust”.

Esta logia estuvo dirigida por el honorable Charles Hotan, quien vino como enviado oficial del reino británico para la ratificación de los tratados de comercio, amistad y libre navegación de los ríos, además de la ratificación del reconocimiento -por parte de Inglaterra- de la independencia de la República del Paraguay.

La instalación oficial de la masonería en nuestro país, se realizó el 18 de enero de 1869, apenas dos semanas después de la ocupación de la capital por las fuerzas aliadas. La misma se instituyó bajo el rito escocés y como dependiente del “Gran Oriente del Brasil”.

En 1887, se fundó la logia “Aurora del Paraguay”, la más antigua de nuestro país, que en su origen dependió de la “Gran Logia de la

Masonería del Uruguay” y fue fundada por iniciativa del Dr. Dionisio Ramos Montero, ministro plenipotenciario ante el gobierno paraguayo. La masonería paraguaya obtuvo su personería jurídica el 28 de junio de 1895, durante la presidencia del general Juan Bautista Egusquiza. Desde aquel lejano 1845, año en que comenzó sus actividades la logia “Pitágoras”, funcionaron en el Paraguay unas 65 logias masónicas, algunas de ellas fueron las logias: “Fe”; “Unión Paraguay No. 30”; “Libertad No. 4”; “Sol Naciente No. 4”; “Perfecta Armonía” (Concepción); “Igualdad”; “Independencia”; “Luz y Caridad” (Bella Vista); “Unión y Progreso No. 9” (Encarnación); etc. También funcionan logias masónicas en Ciudad del Este y Pedro Juan Caballero. La instalación de la masonería paraguaya de post-guerra estuvo a cargo de una comisión integrada por el general Bernadino Caballero, el Dr. Serafín Rivas y el señor Ricardo García. Algunos de los personajes de nuestra historia que pertenecieron a la masonería fueron: José Félix Bogado, José Falcón, Cirilo Antonio Rivarola, Cándido Bareiro, Juan Crisóstomo Centurión, José Segundo Decoud, Bernardino Caballero, Juan Gualberto González, Cristian Heisecke, Vicente Lamas, José Marsal, Pascual Pecci, Manuel Dominguez, Eduardo Schaerer, Willian Paats, Cecilio Báez y José Félix Estigarribia

Crítica a la película “La pasión de Juana de Arco” de Carl Deyer

Título original: La Passion de Jeanne d’Arc

Año: 1928

Duración: 110 min.

País: Francia

Director: Carl Theodor Dreyer

Guión: Carl Theodor Dreyer & Joseph Delteil

Música: Película muda

Fotografía: Rudolph Maté & Goestula Kottula (B&W)

Reparto: Renée Jeanne Falconetti, Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon, Antonin Artaud, André Berley

Productora: Societé generale de films

Género: Drama | Histórico. Cine mudo. Siglo XV. Religión. Película de culto

Esta película, estrenada en 1928, está basada en unos documentos que revelan el juicio contra la famosa Juana de Arco, lo cual la aleja de aquella figura de guerrera el cual siempre la han caracterizado por siglos. Por lo tanto, la historia comienza en el salón de los acusados, con los miembros más importantes de la iglesia presenciando a una Juana indefensa y vulnerable a los ataques que le darían a lo largo de su juicio. Se hace mucho énfasis en los primeros planos, para revelar mejor las expresiones de los personajes. Por un lado, están los que realmente desean salvar a Juana. Y eso se revela por sus expresiones de preocupación y angustia. Las expresiones de Juana son de angustia, susto y, de vez en cuando, un poco de esperanza. Y están los inquisidores de expresión severa, todos ellos enfocados en contrapicada, como muestra de que ellos están por encima de la ley y que son ellos los que deciden el destino de la acusada. Un paso en falso y ellos la mandarían a ejecutar de inmediato.

Existen ciertos elementos que nos hacen recordar a la Pasión de Cristo, por ejemplo cuando llevan a Juana y le hacen preguntas capciosas, o cuando un grupo de clérigos le colocan una corona y un cetro y se burlan de ella dándole alabanzas irónicas y escupiéndole en la cara. Y también está la parte en que la trasladan hasta el sitio donde terminaría su vida, ante una multitud. Y un detalle que nos recuerda a la crucifixión: el pilar donde amarrarían a Juana para quemarla tenía un letrero, así como colocaron uno en la cruz de Cristo.

Los momentos de mayor clímax narrativo y visual serían aquellos en que Juana pareciera acceder a los pedidos de los inquisidores para salvar su vida. Cerca del final, logran que ella firme un documento que la salvaría de la hoguera, pero la condenaría a una cadena perpetua. Por sus expresiones se puede ver aquel temor a la muerte propio de todo ser vivo, así como también susto por su destino y un poco de esperanza de que se salvaría, si no en vida, tal vez en muerte. En cuanto a la música, si bien es una música agregada luego de su recuperación, igual acentúa aún más el clímax del juicio y los giros en que se dan a lo largo de la trama, el cual se da más énfasis en las expresiones y los movimientos por ser una película sin sonidos.

Esta película ha hecho muy bien su trabajo, en especial por los enfoques de los primeros planos y por el uso de unos pocos elementos que más bien sirven para ubicar al espectador en el lugar, espacio y tiempo en que se desarrolla la historia.

El Renacimiento

El Renacimiento fue una de las más profundas revoluciones culturales y abarcó todos los planos de la vida. Fue una transformación total de la vida económica, política, social, científica y religiosa.

La actitud teocéntrica había sido canjeada por la actitud antropocéntrica. La fe maciza y tradicional fue suplantada por el libre examen y el uso individual de la razón personal. En las Academias platónicas de Florencia o aldina de Venecia se reúnen indiferentemente laicos y eclesiásticos bajos la protección de príncipes y papas, con el único deseo de saber, de incorporar los conocimientos nuevos.

El Renacimiento es una edad descubridora. El hombre se ve alentado por un ánimo juvenil que lo impulsa a buscar la novedad: ha olvidado el ritmo pausado y la obediencia a lo establecido que regía en la Edad Media.

Su mirada está clavada en el mundo y en todos los problemas del mundo. El hombre como realidad de este mundo también es estudiado y escudriñado.

Como humanista prevalecen también los hombres prácticos, los hombres de acción, artistas, técnicos, científicos. Y así todos ellos, a la manera de Da Vinci, eran pintores, arquitectos, escultores, ingenieros, matemáticos, etc. O por lo menos eran astrólogos, médicos, ocultistas y filólogos.

Extraído de: “Filosofía y cultura” de Laureano Pelayo García. Asunción, Offset Comuneros SA.

El matrimonio en Roma

El matrimonio en Roma era una ceremonia pública, pero se realizaba en el ámbito privado, con un amplio protocolo de ritos. Se desarrollaba en dos escenarios: la casa de la novia y el hogar del nuevo matrimonio en casa del esposo.

Los esponsales constituían un compromiso en el que se establecía la promesa de matrimonio con la aprobación de los familiares más próximos y capacitados en derecho para representar a los contrayentes. Ese consentimiento, preferiblemente paterno, estaba prescrito.

La alianza se sellaba mediante las arras, aunque poco a poco se fue imponiendo la costumbre del anillo de compromiso. Con frecuencia, el novio colocaba el anillo en el dedo anular de su futura esposa. Según Aphano, se elegía ese dedo porque posee un nervio que conduce directamente al corazón, “el órgano más importante del cuerpo”.

En la ceremonia de boda se unían los acuerdos de la alianza con los gestos personales de los contrayentes: se leían las capitulaciones matrimoniales pactadas ante diez testigos y se consignaban, en una tablilla, las “tabulae nupciales”. Luego, los novios declaraban aceptarlas y se procedía a la unión. La oficiaba la “pronuba”, una mujer que acompañaba a la novia en todo el ritual de iniciación que constituía la boda y que debía cumplir un requisito: haberse casado una sola vez. Esta mujer procedía entonces a unir las manos derechas de los novios tras su consentimiento, con lo que quedaba instituido el matrimonio.

Después, el sacerdote que había leído las entrañas del animal sacrificado hacía una plegaria invocando la protección divina para los esposos. Estos procedían luego a llevar a cabo su primera empresa matrimonial: el sacrificio de un buey y un cerdo. Con ello acababa la ceremonia y los asistentes felicitaban a los contrayentes, mientras se preparaba el banquete nupcial, que se prolongaría varias horas, y en el cual tendrían lugar bromas y chanzas jocosas.

Al llegar al nuevo hogar se oficiaban nuevos ritos de agregación y fecundidad: la recién casada ungía con manteca los goznes de la puerta, recabando una unión fértil y fecunda, tras lo cual la desposada mostraba la rueca y el huso que portaba, y el marido le hacía entrega de un copo de lana. A continuación ella colocaba un velo o un hilo de lana sobre la puerta como promesa de trabajo y dedicación al hogar. Por último pronunciaba la fórmula clásica de unión, fidelidad y también de obediencia: “Donde tú eres cayo, yo seré caya”.

Desde este momento ya podía penetrar en su nueva casa pero sin pisar el umbral, por lo que debía entrar en brazos de los invitados y ser recogida por el esposo. Éste la investía de sus poderes como señora del hogar entregándole agua y fuego, elementos que simbolizaban los principios opuestos que integraban el matrimonio. Éste se materializaba finalmente cuando los esposos compartían por primera vez el lecho conyugal en la noche de bodas y, por fín, la cortina se corría.

Resumen del libro “Breve historia de los colores” de Michel Pastoureau

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Los colores transmiten códigos, tabúes y prejuicios a los que obedecemos sin ser conscientes de ello. Los colores no son inmutables. Tienen una agitada historia, que se remonta a lo largo del tiempo y que ha dejado huella en nuestro propio vocabulario. Nuestros antepasados tenían una noción del color diferente de la nuestra. No es nuestra percepción sensorial lo que ha cambiado, sino nuestra percepción de la realidad, que activa nuestro conocimiento, vocabulario, imaginación e, incluso, el sentimiento.

El color favorito de la civilización occidental es el azul. Pero no siempre ha sido así. En la Antigüedad no se consideraba realmente un color. El azul es difícil de fabricar y de dominar y ésa es, sin duda, la razón por la que no tuvo ningún papel en la vida social, religiosa o simbólica de la época. En los siglos XII y XIII, por primera vez, se pintó los cielos de azul. A partir del siglo XII, la Virgen se convierte en la principal promotora del azul. Al cabo de un tiempo el azul se convirtió en una moda aristocrática. A finales de la Edad Media, la oleada moralista que provocaría la Reforma afectó también a los colores: empezó a decidirse qué colores eran dignos y cuáles no. La paleta protestante se articuló alrededor del blanco, negro, gris, pardo y azul. Hoy, cuando alguien dice que le gusta el azul, significa que es una persona sensata, conservadora, que no quiere revelar nada de sí mismo. En cierto modo, hemos regresado a una situación próxima a la Antigüedad: de tan omnipresente y consensuado, el azul vuelve a un color discreto y el más razonable de todos los colores.

En el sistema cromático de la Antigüedad, que giraba en torno a tres polos, el blanco representaba lo incoloro; el negro era lo sucio; y el rojo, el color, el único digno de ese nombre. La supremacía del rojo se impuso en todo Occidente. Era un color admirado y sele confiaba los atributos de poder, es decir los de la religión y la guerra. Este color se impuso porque remitía a dos elementos: el fuego y la sangre. Para la mirada medieval, el brillo de un objeto prima sobre su coloración. Un rojo franco se percibirá como más próximo a un azul luminoso que a un rojo desvaído. Un rojo muy intenso es siempre una señal de potencia, tanto para los laicos como para los eclesiásticos. A partir del siglo XVI, los hombres ya no se vestían de rojo. En los medios católicos las mujeres sí podían hacerlo. Asistimos entonces a un curioso cambio de posiciones: en la Edad Media el azul era más bien femenino y el rojo masculino. Ahora, en cambio, las cosas se invierten y el azul se convierte en masculino y el rojo en femenino. El rojo del poder y la aristocracia se ha mantenido siglos tras siglos, al igual que el rojo revolucionario y proletariado. Así como también el rojo suele asociarse al erotismo y la pasión.

Cuando pensamos en el blanco, no podemos dejar de sentir una ligera vacilación y preguntarnos si realmente es un color. En las sociedades antiguas, se definía lo incoloro como todo lo que no contenía pigmento. Al convertir el papel en principal soporte de los textos e imágenes, la imprenta introdujo una equivalencia entre lo incoloro y el blanco, y este último pasó a ser considerado como el grado cero del color. Después de mucho debatir entre físicos, al fin se ha vuelto a la sabiduría antigua y volvemos a considerar el blanco como un color con todas las de la ley. En nuestro imaginario asociamos el blanco a la pureza y la inocencia. En casi cualquier punto del planeta, el blanco remite a lo puro, a lo virgen, a lo limpio. Durante siglos, todas las telas que tocaban el cuerpo tenían que ser blancas por razones de higiene, pero también por razones prácticas: cuando se hervían, las telas solían perder el tinte. El blanco era, en cambio, el color más estable y más sólido. El blanco es también la luz primordial, el origen del mundo, el principio de los tiempos. La otra cara de este símbolo es el blanco de la materia indecisa, los fantasmas y los espectros que vienen a reclamar justicia o sepultura. En Occidente, la blancura de la piel siempre ha funcionado como una señal de reconocimiento. A la pequeña nobleza del siglo XVIII le obsesionaba marcar distancias con los campesinos. La expresión “sangre azul” se refiere justamente a esta costumbre: tenían la cara tan pálida y translúcida, que se veían las venas. Los occidentales, en este caso “los blancos”, nos consideramos inocentes, puros, limpios, a veces incluso divinos y hasta sagrados. Los asiáticos, en cambio, ven en nuestra blancura una evocación de la muerte. Nuestros prejuicios sociales se activan según el sentimiento que tenemos de nuestro propio color.

El verde tenía la particularidad de ser un color inestable. En tinte, esos colorantes aguantan poco en las fibras y los tejidos enseguida adquieren un aspecto descolorido. Y lo mismo ocurre con la pintura: los materiales vegetales se consumen con la luz y las materias artificiales. Aunque dan unos bonitos tonos intensos, son corrosivos. Así resulta que el verde fabricado de esa manera es un verdadero veneno. El simbolismo del verde se ha organizado casi por entero alrededor de esta idea: representa todo lo que se mueve, cambia, varía. Representa la suerte, pero también la mala suerte. Con el paso del tiempo, ha predominado la dimensión negativa: debido a su ambigüedad, este color siempre ha suscitado inquietud. Antes del siglo XVII, a nuestros antepasados nunca se les habría pasado por la cabeza fabricar el verde con el azul y el amarillo. La clasificación de los colores más corriente era la de Aristóteles: blanco, amarillo, rojo, verde, azul, negro. Es el descubrimiento del espectro por parte de Newton lo que nos ha aportado otra clasificación. Los químicos del siglo XVIII presentaron una teoría pseudocientífica que definía unos colores “primarios” (amarillo, azul, rojo) y unos colores “complementarios” (verde, violeta, naranja). Esta tesis llegó a influir en los artistas de los siglos XIX y XX. Curiosamente ha suscitado otra simbología del verde: como éste es considerado “complementario” del rojo, el color de lo prohibido, se ha convertido en su contrario, el color de la permisividad. Hoy, nuestra sociedad urbanita ávida de clorofila lo ha convertido en símbolo de libertad, juventud, salud. De hecho, nuestras sociedades contemporáneas han llevado a cabo una gran revalorización del verde, que en otros tiempos era el color del desorden y la transgresión: ahora, en cambio, es el color de la libertad.

En la Antigüedad, el color amarillo era bastante apreciado. En las culturas no europeas como Asia y América del Sur, el amarillo siempre ha tenido una connotación positiva. En la edad Media, el color dorado absorbió los símbolos positivos del amarillo, todo lo que evoca el sol, la luz, el calor, la vida, la energía y la alegría. En cambio, el amarillo, se ha convertido en un color apagado, triste, que recuerda al otoño, la decadencia, la enfermedad. A mediados del periodo medieval, en todo Occidente el amarillo se convierte en el color de los mentirosos, de los embusteros, de los tramposos, pero también en el color del ostracismo, que se impone a las personas a las que se quiere condenar o excluir. En las décadas de 1860-1880 la paleta de los pintores cambia: pasan de la pintura en el estudio a la pintura en el exterior, y hay otro cambio cuando se pasa del arte figurativo al semifigurativo. Es también el momento en que el arte se escuda en la ciencia y afirma que hay tres colores primarios: azul, rojo y amarillo que, al contrario que el verde, se ve bruscamente revalorizado. Los colores reflejan los cambios sociales, ideológicos y religiosos, aunque también quedan presos de las mutaciones técnicas y científicas. Esto entraña gustos nuevos e, inevitablemente, miradas simbólicas diferentes.

El negro forma, igual que el blanco, banda aparte en nuestra historia. Espontáneamente pensamos en sus aspectos negativos: los temores infantiles, las tinieblas y la muerte. Pero existe asimismo un negro más respetable, el de la templanza, humildad, austeridad, el que llevan los monjes e impuso la Reforma. Y hoy conocemos otro negro, el de la elegancia. La Reforma declaró la guerra a los tonos vivos y profesaba una ética de la austeridad y lo oscuro. El negro se convierte entonces en un color de moda no solamente entre los eclesiásticos, sino también entre los príncipes. El negro elegante de los trajes de gala es una herencia directa del negro principesco del Renacimiento. En Asia, aunque el negro también se asocia a la muerte, el duelo se lleva vestido de blanco porque el difunto se transforma en un cuerpo de luz. En Occidente, el difunto regresa a la tierra, se convierte en cenizas, parte por lo tanto hacia el negro. El cristianismo ha cultivado este símbolo y siempre ha asociado al duelo con lo oscuro. Tanto el negro como el blanco se han visto apartados del mundo de los colores. En primer lugar, la teoría del color “luz”, que se desarrolló a finales de la Edad Media. Luego, la aparición de la imagen grabada y de la imprenta impuso poco a poco la pareja negro-blanco. En ese mismo momento, la Reforma privilegió esos dos colores y los distinguió de los otros en nombre de la austeridad. El tercer cambio: la ciencia, una vez más, se metió en el asunto. Al descubrir la composición del espectro del arcoíris, Newton estableció un cortinado de colores (violeta, índigo, azul, verde, amarillo, anaranjado, rojo) que, por primera vez, excluye el negro y el blanco. Lo sorprendente de esta pareja es que tienen la capacidad de describir por sí sola la realidad, a condición de declinar el conjunto de gris entre ambos colores. Hoy, los científicos y artistas reconocen que el negro es, al igual que el blanco, un color de pleno derecho.

Para la cultura europea, hay seis colores principales: azul, rojo, blanco, verde, amarillo y negro. Un color es una categoría intelectual, un conjunto de símbolos. La prueba es que los seis colores de base son los únicos que no tienen referentes. Se definen de modo abstracto sin necesitar una referencia en la naturaleza, a diferencia de los “semicolores”: el violeta, el rosado, el naranja y el marrón. Esos cuatro semicolores deben su nombre a un fruto o a una flor. Al violeta, en latín medieval, se le llamaba “subniger”, es decir, seminegro. Se identificaba, lógicamente, con el medio duelo, el que se aleja en el tiempo. El violeta es el color litúrgico de la penitencia, del Adviento y del Cuaresma. Se ha convertido tardíamente en el color de los obispos. Es poco habitual en la naturaleza y bastante vulgar cuando se fabrica artificialmente. Es difícil reproducir los bellos tonos naranja de la naturaleza. Los naranjas que fabricamos artificialmente siempre son chillones. La palabra “anaranjado” nació en Occidente en el siglo XV con la importación de los primeros naranjos. Hoy se han trasladado a este color las virtudes del oro y del sol: calor, alegría, vitalidad y salud. El rosado no tuvo una existencia muy definida durante mucho tiempo. Llevado en el romanticismo, el rosa adquirió su simbolismo en el siglo XVIII: el de la ternura, la feminidad, la suavidad, con su vertiente negativa: la cursilería, el empalado. De nuestros once colores y semicolores, el marrón es el menos apreciado, aunque abunda en la naturaleza. La palabra “marrón” apareció en el siglo XVIII, derivando de la castaña. Este semicolor posee pocos aspectos positivos, a menos que tomemos la humildad y la pobreza como virtudes, que es lo que hacen algunas órdenes monásticas. La palabra gris es antigua y posee un doble simbolismo. Para nosotros evoca la tristeza, la melancolía, el aburrimiento, la vejez. Pero en una época en que la vejez no estaba tan desvalorizada, remitía por el contrario a la sabiduría, a la plenitud, al conocimiento.

Al ir añadiéndoseles cada vez más capas de símbolos, los colores han terminado perdiendo parte de su fuerza. Nuestros colores son categorías abstractas sobre las cuales la técnica no tiene mucha influencia. Es bueno conocer sus significados, pues condicionan nuestro comportamiento y nuestra manera de pensar.

La Historiografía y la Teoría del Arte.

La historiografía es el registro escrito de la historia, la memoria fijada por la propia humanidad con la escritura de su propio pasado. Proviene del griego “historiógrafos”, es decir el que describe la historia. También llamada ciencia de la historia.

La teoría del arte es una disciplina académica que engloba toda descripción de las manifestaciones artísticas, fenómenos artísticos u obras de arte en su desarrollo histórico y contexto estilístico (género, diseño, formato y apariencia) y los artistas en su contexto cultural y social, siendo la estética la complejidad y base de su discurso.

Principales teorías del arte

Mímesis: Imitación, belleza, armonía. Desde el S.V a.C hasta el surgimiento del Romanticismo en el S.XIX.

Expresión: Poder creador, libre y hasta indisciplinado del artista. Manifestación concreta del espíritu.

Utilitarismo: De acuerdo con la época, cambia el vínculo del arte con la sociedad. Por ejemplo: el arte con fines educativos y doctrinarios. (Arte Barroco de la Contrarreforma, Constructivismo Ruso o arte al servicio de la Revolución, Muralismo Mexicano).

El arte por el arte: El artista es, ante todo, artista, que no debe sacrificar su obra a ningún fin social, religioso, etc. El arte para el deleite.

Conclusión

Es imposible el deslindamiento entre historiografía del arte y teoría del arte pues ambas se complementan entre sí para comprender la complejidad del discurso estético. No podemos entender la estética del arte de una época sin conocer su contexto histórico (causas económicas, políticas y sociales, modas intelectuales, juicios sobre el gusto artístico, etc.). Además, tanto el arte, como el discurso estético y la misma historia son producciones humanas y están sujetos a transformaciones en el tiempo.

Bibliografía

 

Algunos movimientos artísticos del siglo XIX

NEOCLASICISMO

El Neoclasicismo es un movimiento estético que vino a reflejar en las artes los principios intelectuales de la Ilustración. Surgió durante el siglo XVIII, comenzando como un movimiento filosófico y abarcando el ámbito cultural y social ligado a los ideales revolucionarios. Durante este periodo se produjo la caída de las monarquías absolutas y  la separación de la Iglesia con el Estado, de manera tal a que la religión cristiana dejó de ser el poder central de la sociedad. Los historiadores viajaron a Grecia y Roma, con el objetivo de buscar y encontrar obras antiguas, para conocer a las culturas de la Antigüedad. Por primera vez, se realizó una bibliografía sobre la arqueología, de la cual salió el libro “Historia del arte de la antigüedad” de Winckelmann, un admirador de la cultura griega y que recopiló información sobre la civilización griega y la civilización romana. El artista más reconocido del Neoclasicismo es Jacques Louis David, quien reprodujo los principales hechos de la revolución francesa y exaltó los mitos romanos. Una de sus obras más famosas es “Juramento de los Horacios”, donde se puede reflejar claramente la influencia del arte romano antiguo dibujando a los personajes de manera proporcionada y con expresiones típicamente romanas.

ROMANTICISMO

El Romanticismo es una revolución artística, política, social e ideológica muy importante, que surgió como una reacción contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo. Los principios del romanticismo son la libertad, el individualismo, la democracia y el nacionalismo. Al contrario que los clasicistas, los artistas románticos rechazaron las normas y reglas, dándole a sus pinturas una gran importancia a los colores, la luz y la representación de la naturaleza, así como también el amor a la nación, a los héroes y a sus propios sentimientos. Los artistas más característicos de este movimiento son Gericault y Delacroix. El primero, considerado el fundador del romanticismo, enfocó sus obras en el realismo, representando el sufrimiento de las personas y la vida cotidiana. Delacroix se interesó por los acontecimientos históricos, así como también realizó viajes al extranjero y retrató a diversas personas provenientes de los países que visitó. Ambos fueron considerados maestros del color, representando movimiento y energía en sus obras. Porque lo importante era representar los sentimientos y sensaciones, algo que no podian brindar las clásicas obras de personajes pasivos e idealizados.

PAISAJISMO

El paisajismo inglés hizo su aparición entre los años 1770 y 1840 como un nuevo concepto de la historia del arte: el concepto de lo “pintoresco”. Predomina el uso de la acuarela, convirtiéndose en una característica nacional inglesa. Durante este periodo aparecieron una serie de artistas que, alcanzaron un altísimo nivel. Estos artistas buscaron sitios y lugares donde pudieran reflejar emociones, recuerdos y sensaciones, resaltando el misterio que nos brinda la naturaleza. Ese fue el espíritu de la noción de “pintoresco” que, cuando más tarde se convirtiera en un sinónimo del término “postal”, sería desvalorizada. Los destacados de este estilo artístico en Inglaterra fueron John Constable y W. Turner. El primero se caracterizaba por sus paisajes hechos al aire libre, donde reflejaba claramente el clima y las diferentes tonalidades de la naturaleza en distintas horas o estaciones. Turner trabajó con la acuarela, interesándose por los paisajes marítimos y los movimientos que éstos ocasionaban en diferentes situaciones.

COMIENZOS DE LA FOTOGRAFÍA

La fotografía, antiguamente, era un procedimiento que permitía fijar y reproducir, a través de reacciones químicas y en superficies preparadas para ello, las imágenes que se recogían en el fondo de una cámara oscura. El daguerrotipo fue el primer procedimiento fotográfico cuyo creador, Louis Jacques Mandó Daguerre, lo inventó con el objetivo de reducir el tiempo de exposición de la placa y fijación de la imagen. El aparato fue anunciado y difundido oficialmente en el año 1839. En 1827 inventó el diorama, un espectáculo a base de pinturas y efectos luminosos que representa, en tres dimensiones, una figura cualquiera. Con el daguerrotipo, la imagen se formaba sobre una superficie de plata pulida, como un espejo. La imagen revelada se formaba con partículas de aleación de mercurio y plata, ya que el mercurio produce amalgamas en la cara plateada de la placa. Previamente esa misma placa era expuesta a vapores de yodo para que fuera fotosensible. Algunas de sus obras fotográficas son “EL Boulevard du Temple en París” (1838), “El taller del artista” (1837) y “Barcelona” (sin fecha). En estas fotos se puede apreciar los detalles, tanto de los objetos como de las construcciones arquitectónicas, reflejando, de esta forma, cómo una foto podía ser mucho más precisa que una pintura o cualquier otro procedimiento artístico.

La Escuela de Bolonia y el Barroco

LA ESCUELA DE BOLONIA

Desde la época romana, Bolonia fue famosa como ciudad cultural. En 1088 se fundó en esa ciudad la primera universidad europea, lo cual también influyó mucho en el comercio y en la educación. La Escuela de Bolonia fue creada a finales del siglo XVI. Los fundadores fueron Ludovico Caracci, Annibale Carraci y Agostino Caracci. Fue la primera academia de arte que sistematizó su educación a través de un método, reemplazando el de “Maestro-Aprendiz”, muy utilizado durante el Renacimiento. Las características de esta Escuela fueron la restauración de cánones del arte clásico, en la cual consideraban al naturalismo tenebrista contrario al estilo de arte que enseñaban y transmitían a sus estudiantes. Otras características fueron la búsqueda de la belleza ideal y la utilización de mitos como representaciones alegóricas de los personajes que encargaban las obras. Atrajo a pintores jóvenes y prometedores como Guido Reni, reconocido artista del barroco por sus pinturas de escenas populares y religiosas, en las cuales se puede apreciar claramente la influencia del arte clásico que la Escuela le transmitió durante su carrera artística.

EL BARROCO Y SU ORIGEN

El Barroco era el arte del siglo XVII, ubicándolo entre el Renacimiento y el Rococó. La palabra “Barroco” significaba “Piedra irregular”. Anteriormente se lo utilizaba de un modo despectivo, dado que consideraban que este estilo artístico era extravagante e irreal. Con el tiempo, los estudiosos supieron valorarlo, dado que las obras contenían mucho movimiento y profundidad en la composición. El espacio no solo era real, sino también ilusorio. Los artistas utilizaban mucho la luz dramática para producir un efecto físico y psicológico. Mientras que en el Renacimiento las figuras eran estáticas, en el barroco las figuras mostraban mucho movimiento y tensión. Fue por esos motivos que la Iglesia Católica utilizó mucho este estilo para persuadir al pueblo a que les sean fieles, en especial en una época donde el protestantismo iba ganando poder. Con esto, era común admirar escenas de martirios, conversiones y éxtasis de mártires y santos. En resumen, era un arte al servicio de la persuasión.