Cómo corregir tus propias redacciones

escribir novela

Ya sea que escribas cuentos, novelas, ensayos o poemas, lo más primordial es la ortografía y la gramática. Lo ideal sería mostrarle el texto a un profesor de literatura o a un corrector de textos que te señale tus errores y, sobre todo, te indique si algunas frases tienen o no sentido. Si no cuentas con esas ayudas, puedes corregir tus textos tú mismo. Y aquí te enseñaré algunos trucos que uso si quiero corregir mis textos, ya sea para publicarlo por internet o para presentarlo en clases, en el caso de que sea un trabajo práctico.

  1. Lo primero es leer en voz alta. No hay nada como escuchar tu texto siendo leído en público. Ahí ya verás si alguna frase o párrafo que escribiste no tiene sentido. Lo marcas con un marcador o resaltador.
  2. Ten a mano un diccionario. Si ves que una palabra se repite mucho, marca cuántas veces lo escribiste y busca sinónimos. No solo corriges tus textos, sino que amplias tu vocabulario.
  3. Ten mucho cuidado con las faltas de ortografía. Si escribes por computadora, normalmente el programa ya te marca tus errores. Pero a veces no siempre lo hace, dado que esa palabra sí existe en el diccionario. Por ejemplo, si escribiste “abrasar” y no te señala como error ortográfico, es porque lo tiene registrado. En ese caso, consulta con un diccionario y busca la palabra “abrasar”. Verás que, por un error, casi quemaste a tu protagonista en vez de brindarle consuelo y cariño.
  4. Trata de evitar las redundancias. Ese es mi eterno problema y que más de uno me lo ha señalado. Lastimosamente solo con varias leídas, te darás cuenta si el texto es redundante. Si sientes que te agobias al leerlo, elimina las frases o busca una manera de explicar una situación o personaje en un solo párrafo.
  5. Y por último, atiende bien las puntuaciones. Al leer en voz alta, te darás cuenta si colocaste una coma de más, o un punto donde debería ir una coma, o un punto y coma donde debería haber dos puntos.

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Observaciones:

Hoy en día puedes consultar por internet sitios web donde discutan el significado de las palabras, así como también encontrar un sinnúmero de sinónimos y antónimos. Si tus textos los escribes en un cuaderno u hoja, asegúrate de marcar los errores con un birome rojo o con un resaltador. En los espacios vacíos puedes volver a redactar ciertos párrafos. Por supuesto no te olvides de marcar referencias con asteriscos o números. Y si aún sigues inseguro, participa en sitios web de escritores y lectores, anímate a subir tus escritos y verás que alguien te dará algunos consejos o sugerencias sobre tu escritura.

Y no lo olvides: no hay historias malas, solo malas maneras de redactarlas.

Reflexión sobre la obra “El príncipe” de Maquiavelo

Desde hace años, se ha utilizado el término “maquiavélico” cuando uno se refiere a alguien que es capaz de cualquier cosa con tal de lograr algo, sin importar las consecuencias. Pero muy pocos saben que el término se origina de Nicolás Maquiavelo, quien fue el autor de una obra que explicaría cómo es realmente el sistema político de todas las épocas. La obra se llama “El príncipe”.

Maquiavelo afirma que, al ser la realidad dinámica, un príncipe no puede aferrarse a cosas estáticas, tal como amistades, virtudes, defectos. Al interactuar el príncipe con la realidad debe ser él también dinámico, adaptarse a las situaciones cambiantes para así obtener y/o conservar el poder. Lo importante es mantener al pueblo quieto y contento. Y en este punto, es la primera vez que se menciona al pueblo en el ámbito político, como un sector dominado por la mayoría y que, a su vez, es muy importante dirigirla y controlarla. De esta manera, se ve al pueblo como una figura maleable, movida por un bien común. Es importante el pueblo, porque asegura el mantenimiento del poder, siempre y cuando el príncipe satisfaga sus necesidades.

Cuando un príncipe no satisfació al pueblo, o abusó de su poder oprimiéndolo y ofendiéndolo, entonces se genera las rebeliones y este príncipe es reemplazado por otro. El pueblo cree que, con éste nuevo gobernante, las cosas podrían ir mejor. La mayor parte de las veces ese nuevo gobernante, al ver los errores que cometió el soberano anterior, empieza a tomar medidas drásticas para que el pueblo no se levante contra él, como por ejemplo castiga duramente a los delincuentes.

Entre otras cosas, en el libro, Maquiavelo afirma que, cuando se invade otras tierras, hay que formar colonias y, en lo posible, no alterar las leyes y los impuestos de los pueblos conquistados.  A veces, las costumbres y los idiomas son obstáculos que aumentan las dificultades de un buen gobierno. Para eso, el príncipe debe suprimir inmediatamente cualquier asomo de rebelión o descontento. Tampoco debe permitir que otros reinos vecinos aumenten de poder, ni permitir que expandan sus fronteras en las cercanías de las colonias. Para evitarlo, se debe defender a las colonias más débiles y que éstos no permitan que los reinos vecinos se acerquen a sus tierras.

Hasta el presente, muchas de las ideas de Maquiavelo se mantienen vigentes. Fue el primero y el único pensador que escribió sobre la política desde un punto de vista realista. Y aunque se use el término “maquiavélico” de una manera despectiva, la obra “El príncipe” contiene un enorme sentido común y un gran conocimiento de la psique humana. Hasta ahora, muchos políticos consultan este libro para desarrollar el modo de gobernar una nación.

¿Existió realmente Sherlock Holmes?

Durante años, la oficina de correos de Londres ha recibido millares de cartas dirigidas a Mr. Sherlock Holmes, 221 bis de Baker Street. Las misivas, que nunca han sido devueltas, incluyen peticiones de consejo, ofertas de trabajo detectivesco y enigmas que exigen una resolución. Todas ellas dan muestra de una notable afición a las novelas de Conan Doyle e incluso la convicción de que Holmes fue un personaje real. Sin embargo, ¿Existió realmente Sherlock Holmes?

En realidad, Doyle se inspiró en una persona para crear al investigador más famoso de todos los tiempos. Esa persona se llamaba Joseph Bell y era médico. Destacaba como un cirujano habilidoso, el cual se bastaba con observar a un enfermo para desencadenar una torrente de deducciones. Arthur Conan Doyle fue uno de sus alumnos, con el cual simpatizó y lo escogió para que le ayudara a atender a los pacientes externos.

Doyle quedó admirado ante las dotes deductivas de Bell, pero con el paso de los años lo echó en el olvido. Sin embargo, luego de contraer matrimonio, experimentó un notable impulso creativo el cual lo llevó a crear un personaje que se convirtiera en protagonista de relatos detectivescos. Fue ahí cuando Doyle recordó a su antiguo profesor y decidió tomarlo como modelo directo de su nueva creación. Del recuerdo de la manera en que había asistido a Bell surgió también para Doyle la idea de crear a otro personaje, Watson, doctor como el propio escritor, que fuera dejando constancia de los logros de Holmes.

Ni Holmes ni Watson fueron personajes reales, pero los modelos en que se inspiraron no desmerecieron en absoluto de las creaciones literarias.

Extraído de: “Enigmas históricos al descubierto” de César Vidal. Biblioteca Muy Interesante, 2004.

La aventura semiológica – Roland Barthes

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Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos. Es necesaria una sacudida incesante de la observación para adaptarse no al contenido de los mensajes sino a su hechura: Dicho brevemente: el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la “cocina del sentido”

Si las tareas de la semiología crecen incesantemente es porque de hecho nosotros descubrimos cada vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la manera de pensar del mundo moderno, un poco como el “hecho” constituyó anteriormente la unidad de reflexión de la ciencia positiva.

El lenguaje interviene siempre, como intermediario, especialmente en los sistemas de imágenes, bajo la forma de títulos, leyendas, artículos; por eso no es justo afirmar que nos encontramos exclusivamente en una cultura de la imagen. No hay que confundir “significar” y “comunicar”; “significar” quiere decir que los objetos no transmiten solamente informacione, sino también sistemas estructurados de signos, es decir, esencialmente sistemas de diferencias, oposiciones y contrastes. Los diccionarios dan definiciones vagas de “objeto”: lo que se ofrece a la vista; lo que es pensado, en una palabra, como dice la mayor parte de los diccionarios, el objeto es “alguna cosa”, definición que no nos enseña nada, a menos que intentemos ver cuáles son las connotaciones de la palabra “objeto”. Por mi parte, vería dos grandes grupos de connotaciones: un primer grupo constituido por lo que llamaría las connotaciones existenciales del objeto. El objeto, muy pronto, adquiere ante nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que se obstina en existir, un poco como el hombre; dentro de esta perspectiva hay muchos desarrollos, muchos tratamientos literarios del objeto. Hay también un tratamiento más estético del objeto, presentado como si escondiera una especie de esencia que hay que reconstituir (naturaleza muerta, cine, etc)

Hay también otro grupo de connotaciones, se trata de las connotaciones “tecnológicas” del objeto. Se define entonces como lo que es fabricado; se trata de la materia finita, estandarizada, formada y normalizada, es decir, sometida a normas de fabricación y calidad.

La primera de las coordenadas es la que yo llamaría una coordenada simbólica: todo objeto tiene, si puede decirse así, una profundidad metafórica, remite a un “significado”; el objeto tiene por lo menos un significado.

Análisis de Remedios la bella, personaje de Cien años de Soledad de GG. Marquez

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Uno de los personajes más fascinantes de Macondo. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer. La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. Úrsula no volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. “Los hombres piden más de lo que tú crees”, le decía enigmáticamente. “Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees.” En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica,, porque estaba convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. “Vamos a tener que rifarte”, le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa. -¿Te sientes mal? -le preguntó. Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima. -Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor. Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Extraído de: http://www.loscuentos.net/cuentos/link/165/165/full/

Los diez mandamientos de una escritora precoz

Escrito hace tiempo en este enlace: http://liwienispy.blogspot.com/2007/05/los-diez-mandamientos-de-una-escritora.html

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Bueno, sé que muchos escritores hicieron varios mandamientos. Pues los estuve leyendo, analizando, y al final yo misma decidí hacer los diez mandamientos que corresponden a los escritores precoces (escritores que encontraron su vocación desde muy pequeños, y nunca más pararon de escribir).
A continuación, diré los diez mandamientos con sus significados.

Amarás tus escritos por sobre todas las cosas.
Deben recordar que todo lo que escriben es parte de ustedes mismos, de lo que son en su mundo interior. Si odian lo que escribieron, se odiarán a sí mismo y a los demás. Un buen escritor ama sus escritos, sabe la psicología de sus personajes y también puede ponerse en el lugar de uno.

No negarán su vocación de escritor o escritora precoz
Este mandamiento es muy importante, porque hay personas que niegan ser escritores precoces por temor a las burlas y sarcasmos de los demás. Pero si de verdad aman lo que hacen, no hay que negarse y demostrarles a todos de lo que uno es capaz. Al final, se sorprenden por lo que un escritor precoz escribe y por la imaginación que la mayoría de estos escritores tienen.

Se dedicarán en mente y alma en el escrito que más les gusta.
Si tienen un escrito que hacen y que les encanta luego, es importante dedicarse cuerpo y alma para continuarlo y terminarlo. Hay que ponerle el final que más impresionará a los lectores, atraparles desde el comienzo y dejarlos intrigados hasta el final. Solo así lograrán que esa historiar, poema, cuento, novela o lo que sea tenga mucho éxito en el mundo de la lectura.

No dejarás a tus personajes en el olvido.
Los personajes, aunque no lo parezca, son parte de la personalidad de quien lo creó. Por más que sea un personaje malo, o un personaje que represente lo opuesto a como es el escritor, en alguna parte de sus características se parece mucho al escritor, aunque de manera muy disfrazada. Es por eso que, por más que no aparezcan en ninguna historia, no hay que olvidarlos. Pueden ser que sus papeles sean fundamentales en una historia que aún no inventaron. Quien sabe, el destino puede reservarles algo a esos personajes que siempre conservan en sus memorias.

Honrarás a tus escritores predilectos.
Cada escritor precoz tiene uno o varios escritores favoritos, que les gusta sus historias, en donde se inspiran para una idea o que les gusta el mundo que muestran. La forma de honrarlos es leer todos los escritos que hicieron (sus cuentos, novelas o poemas) y saber el porqué les gusta. No hay que copiar las historias que hacen, porque eso sería plagio y así no podrás honrarlos.

Buscarás consejos de literatos, profesores o escritores.
No solo hay que buscar personas de cualquier clase para que opinen de tus historias. Necesitas de alguien que sepa de literatura y te de algún consejo válido para que sigas con tu sueño. Pueden ser profesores de literatura o escritores, que te darán consejo, te corregirán tus escritos y te dirán si realmente tienes pasta de escritor o escritora. Si te dan una negativa con respecto a tu sueño, no te achiques ni retrocedas en tu camino. Debes continuar, buscar nuevas ideas y otras personas que te ayuden, te guíen y te aconsejen. Siempre funciona.

No copiarás ni robarás otros escritos de otros escritores.
Si de verdad quieres ser escritor, lo que nunca debes olvidar es que debes usar tu propia imaginación, no la imaginación de otro. Muchas personas se esforzaron y siguieron un largo camino en su vocación de escritores para ser lo que son hoy en día. En Internet uno puede postear sus escritos y ser conocido por los que entran en su página. Pero nunca debes copiar lo que tiene y decir que es tu creación, porque es como robar y robar es un crimen. Puedes usarlo para inspiración, pero no para copiarlo.

No serás vanidoso u orgulloso de una manera excesiva.
No porque te digan que tienes mucha imaginación te volverás vanidoso u orgulloso. Siempre hay que aceptar los elogios con humildad, pero tampoco negando lo que estás haciendo. Ese es una clave para que todos quieran leer tus escritos, valorarte por lo que sos y tener también una buena opinión de ti mismo y de los otros y de tus escritos.

Alabarás el día del Libro.
Esta fecha debe de ser importante para ti, por lo que cada día del libro, debes alabar ese día y agradecer al Dios de tu religión o creencia por estar en un mundo donde aún exista la imaginación. Otra forma de alabar este día es recomendar algún libro bueno a tus amigos y familiares, leer el libro que más te gusta o estrenar un libro que dijeron que era súper bueno. También leerás un poco de Shakespeare o Cervantes, que son los grandes escritores españoles de todos los tiempos y averiguarás un poco más sobre tu escritor o escritores preferidos.

Te preocuparás por encontrar una inspiración.
Si te falta inspiración y quieres escribir, siempre busca algún medio para inspirarte. Puedes leer libros, ver películas, salir a pasear, escuchar música, ver fotos, observar la naturaleza… cualquier cosa que hagas y que te sirva de inspiración es muy importante para que sigas con tu sueño de escribir. Un verdadero escritor escribe su mundo, lo que más siente en su corazón. Jamás dejará ese camino, y siempre se preocupará por encontrar alguna inspiración que le haga escribir algo interesante y novedoso. Si escribes por compromiso o por obligación, mejor olvídate de todo esto y dedícate a otra cosa. Escribir debe ser un placer, no una carga. Y debe ser un sueño que hay que tomar en serio y con mucha dedicación, para poder prosperar con tus obras.

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Y ahora, pasado el tiempo de haber escrito esos diez mandamientos durante mi adolescencia, quisiera agregar otro nuevo mandamiento:

No sigas las diez indicaciones citadas ahí arriba. 

Cada uno tiene su método, así como también su estilo y personalidad. Por ello, ignora lo que acabas de leer y sigue con lo que creas más conveniente.

Eso es todo. Saludos.