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El Renacimiento fue una de las más profundas revoluciones culturales y abarcó todos los planos de la vida. Fue una transformación total de la vida económica, política, social, científica y religiosa.

La actitud teocéntrica había sido canjeada por la actitud antropocéntrica. La fe maciza y tradicional fue suplantada por el libre examen y el uso individual de la razón personal. En las Academias platónicas de Florencia o aldina de Venecia se reúnen indiferentemente laicos y eclesiásticos bajos la protección de príncipes y papas, con el único deseo de saber, de incorporar los conocimientos nuevos.

El Renacimiento es una edad descubridora. El hombre se ve alentado por un ánimo juvenil que lo impulsa a buscar la novedad: ha olvidado el ritmo pausado y la obediencia a lo establecido que regía en la Edad Media.

Su mirada está clavada en el mundo y en todos los problemas del mundo. El hombre como realidad de este mundo también es estudiado y escudriñado.

Como humanista prevalecen también los hombres prácticos, los hombres de acción, artistas, técnicos, científicos. Y así todos ellos, a la manera de Da Vinci, eran pintores, arquitectos, escultores, ingenieros, matemáticos, etc. O por lo menos eran astrólogos, médicos, ocultistas y filólogos.

Extraído de: “Filosofía y cultura” de Laureano Pelayo García. Asunción, Offset Comuneros SA.

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