Crítica a la película “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock

Título original: Rear Window

Año: 1954

Duración: 112 min.

País: Estados Unidos

Director: Alfred Hitchcock

Guión: John Michael Hayes (Historia: Cornell Woolrich)

Música: Franz Waxman

Fotografía: Robert Burks

Reparto: James Stewart, Grace Kelly, Thelma Ritter, Raymond Burr, Judith Evelyn, Wendell Corey

Productora: Paramount Pictures

Género: Intriga | Película de culto. Espionaje

 

Es una película de Hitchcock, donde toda la trama ocurre en un vecindario. La misma fue filmada en la década del 50, el cual se agradece que se la haya recuperado para apreciar el audio y la imagen.

En la película, un fotógrafo llamado Jeffrey fue lesionado y está recuperándose de la fractura de su pierna. Mientras, se pasa el día observando a sus vecinos. Y es aquí donde se aprecia la vida de cada uno (como la bailarina que tiene sus admiradores, la solterona que sufre su desdicha en el amor y el pianista). Pero una noche, el fotógrafo escuchó el grito de una mujer y, horas después, el vecino de enfrente entra y sale, sacando cosas de su departamento. El vecino tenía una esposa enferma y, luego de eso, no la ve más por ningún lado. Poco a poco sospecha que el vendedor de joyas mató a su esposa por lo que, desde su departamento y con binoculares, decide vigilarlo. Para atraparlo y entregarlo a la policía, contará con la ayuda de su enfermera y de su novia, Lisa, quien demuestra una gran astucia y se da cuenta de ciertos detalles que otros, normalmente, la pasarían por alto.

Es increíble cómo se desarrolla la trama, donde tiene todos los elementos que se apreciarían en una película de su género: las pistas falsas, la intromisión a la escena del crimen y, por último, la revelación del asesino y el enfrentamiento cara a cara. Y es en ese momento en que Jeffrey, que actuaba como el espectador de diversas historias ocurridas en un vecindario, se convierte en el observado por todos los vecinos, los cuales se vuelven testigos de lo que le pasó para llevar al vendedor de joyas a prisión.

Debido a que toda la historia se enfoca en el fotógrafo lesionado, en ningún momento aparecen otras escenas ocurridas en otros lugares que menciona la película. Los únicos “contactos” que se tiene con el exterior son los vecinos (que entran y salen de sus casas), el detective escéptico, la novia del fotógrafo y la enfermera. Aún así, está muy bien narrada, los personajes interpretan muy bien sus funciones y existe aquella tensión que nos deja intrigados por saber lo que le pasará a los personajes. Por suerte, el trío conformado por Jeffrey, Lisa y la enfermera logra una buena cooperación y, juntos, resuelven el misterio y se soluciona la trama. Una película de su época, que vale la pena verla una y otra vez para apreciar el desarrollo de los acontecimientos desde un solo lugar.

El arte

El arte es la creación más profunda, más completa y más libre del hombre.

La más profunda, porque en el arte el hombre se expresa en su totalidad y no solamente con lo que puede manifestarse por el canal de lo lógico.

La más completa, porque a una obra de arte no se le puede quitar ni añadir nada.

La más libre, porque es donde nuestro sentimiento e imaginación encuentran menos obstáculos, en el mundo exterior, para su realización.

En el arte, la metáfora nos facilita la evasión y crea entre las cosas reales arrecifes imaginarios. La metáfora escamotea a una realidad enmascarándola con otra, dejándonos ver tras ella la aspiración que induce al hombre a superar la tosca realidad.

El secreto de la obra de arte está en esa conmoción que produce al chocar su realidad sensible con el mundo de nuestro espíritu. Una obra de arte es algo tan concreto, algo tan rico por su logro y perfección, que en ella el hombre encuentra significados profundísimos. Por eso Hegel pudo escribir que “El arte consiste en encerrar lo infinito en lo finito”.

Los colores, las líneas, los sonidos, los planos y las palabras forman mundos nuevos, que son fruto del espíritu del hombre. Por eso las obras de arte no pasan nunca; su validez es permanente, aún cuando cambien los gustos y estilos. El arte tiene conciencia de su validez y su temporalidad. El pensamiento del hombre también sufre esta inflexión, esta caída, aunque siempre se levanta nuevamente con valor originario.

Extraído de: “Filosofía y cultura” de Laureano Pelayo García. Asunción, Offset Comuneros SA

Reflexión sobre la obra “El príncipe” de Maquiavelo

Desde hace años, se ha utilizado el término “maquiavélico” cuando uno se refiere a alguien que es capaz de cualquier cosa con tal de lograr algo, sin importar las consecuencias. Pero muy pocos saben que el término se origina de Nicolás Maquiavelo, quien fue el autor de una obra que explicaría cómo es realmente el sistema político de todas las épocas. La obra se llama “El príncipe”.

Maquiavelo afirma que, al ser la realidad dinámica, un príncipe no puede aferrarse a cosas estáticas, tal como amistades, virtudes, defectos. Al interactuar el príncipe con la realidad debe ser él también dinámico, adaptarse a las situaciones cambiantes para así obtener y/o conservar el poder. Lo importante es mantener al pueblo quieto y contento. Y en este punto, es la primera vez que se menciona al pueblo en el ámbito político, como un sector dominado por la mayoría y que, a su vez, es muy importante dirigirla y controlarla. De esta manera, se ve al pueblo como una figura maleable, movida por un bien común. Es importante el pueblo, porque asegura el mantenimiento del poder, siempre y cuando el príncipe satisfaga sus necesidades.

Cuando un príncipe no satisfació al pueblo, o abusó de su poder oprimiéndolo y ofendiéndolo, entonces se genera las rebeliones y este príncipe es reemplazado por otro. El pueblo cree que, con éste nuevo gobernante, las cosas podrían ir mejor. La mayor parte de las veces ese nuevo gobernante, al ver los errores que cometió el soberano anterior, empieza a tomar medidas drásticas para que el pueblo no se levante contra él, como por ejemplo castiga duramente a los delincuentes.

Entre otras cosas, en el libro, Maquiavelo afirma que, cuando se invade otras tierras, hay que formar colonias y, en lo posible, no alterar las leyes y los impuestos de los pueblos conquistados.  A veces, las costumbres y los idiomas son obstáculos que aumentan las dificultades de un buen gobierno. Para eso, el príncipe debe suprimir inmediatamente cualquier asomo de rebelión o descontento. Tampoco debe permitir que otros reinos vecinos aumenten de poder, ni permitir que expandan sus fronteras en las cercanías de las colonias. Para evitarlo, se debe defender a las colonias más débiles y que éstos no permitan que los reinos vecinos se acerquen a sus tierras.

Hasta el presente, muchas de las ideas de Maquiavelo se mantienen vigentes. Fue el primero y el único pensador que escribió sobre la política desde un punto de vista realista. Y aunque se use el término “maquiavélico” de una manera despectiva, la obra “El príncipe” contiene un enorme sentido común y un gran conocimiento de la psique humana. Hasta ahora, muchos políticos consultan este libro para desarrollar el modo de gobernar una nación.

El Renacimiento

El Renacimiento fue una de las más profundas revoluciones culturales y abarcó todos los planos de la vida. Fue una transformación total de la vida económica, política, social, científica y religiosa.

La actitud teocéntrica había sido canjeada por la actitud antropocéntrica. La fe maciza y tradicional fue suplantada por el libre examen y el uso individual de la razón personal. En las Academias platónicas de Florencia o aldina de Venecia se reúnen indiferentemente laicos y eclesiásticos bajos la protección de príncipes y papas, con el único deseo de saber, de incorporar los conocimientos nuevos.

El Renacimiento es una edad descubridora. El hombre se ve alentado por un ánimo juvenil que lo impulsa a buscar la novedad: ha olvidado el ritmo pausado y la obediencia a lo establecido que regía en la Edad Media.

Su mirada está clavada en el mundo y en todos los problemas del mundo. El hombre como realidad de este mundo también es estudiado y escudriñado.

Como humanista prevalecen también los hombres prácticos, los hombres de acción, artistas, técnicos, científicos. Y así todos ellos, a la manera de Da Vinci, eran pintores, arquitectos, escultores, ingenieros, matemáticos, etc. O por lo menos eran astrólogos, médicos, ocultistas y filólogos.

Extraído de: “Filosofía y cultura” de Laureano Pelayo García. Asunción, Offset Comuneros SA.