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Durante años, la oficina de correos de Londres ha recibido millares de cartas dirigidas a Mr. Sherlock Holmes, 221 bis de Baker Street. Las misivas, que nunca han sido devueltas, incluyen peticiones de consejo, ofertas de trabajo detectivesco y enigmas que exigen una resolución. Todas ellas dan muestra de una notable afición a las novelas de Conan Doyle e incluso la convicción de que Holmes fue un personaje real. Sin embargo, ¿Existió realmente Sherlock Holmes?

En realidad, Doyle se inspiró en una persona para crear al investigador más famoso de todos los tiempos. Esa persona se llamaba Joseph Bell y era médico. Destacaba como un cirujano habilidoso, el cual se bastaba con observar a un enfermo para desencadenar una torrente de deducciones. Arthur Conan Doyle fue uno de sus alumnos, con el cual simpatizó y lo escogió para que le ayudara a atender a los pacientes externos.

Doyle quedó admirado ante las dotes deductivas de Bell, pero con el paso de los años lo echó en el olvido. Sin embargo, luego de contraer matrimonio, experimentó un notable impulso creativo el cual lo llevó a crear un personaje que se convirtiera en protagonista de relatos detectivescos. Fue ahí cuando Doyle recordó a su antiguo profesor y decidió tomarlo como modelo directo de su nueva creación. Del recuerdo de la manera en que había asistido a Bell surgió también para Doyle la idea de crear a otro personaje, Watson, doctor como el propio escritor, que fuera dejando constancia de los logros de Holmes.

Ni Holmes ni Watson fueron personajes reales, pero los modelos en que se inspiraron no desmerecieron en absoluto de las creaciones literarias.

Extraído de: “Enigmas históricos al descubierto” de César Vidal. Biblioteca Muy Interesante, 2004.

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