Fueron muchos los artistas que experimentaron la estética de lo grotesco. El arte grotesco despierta mucha polémica y genera, incluso, rechazo por parte de los espectadores. A más de uno le impresionó la serie de “pinturas negras” de Goya, en donde solamente representa figuras deformes, prácticamente extraídas de lo más profundo de la mente del artista e inspiradas en mitos y leyendas de terror.

El concepto de lo grotesco también podría ser entendido como algo miserable, estropeado. Si se analizara el término italiano grottesco, se ve que la misma designa algo fantasioso, incluso lúdico, pero a la vez angustiante y siniestro. Es una forma de dominar el arte que altera el orden de las cosas y transforma sus funciones y proporciones. En las últimas décadas del siglo XX se puede apreciar cómo el arte grotesco y repulsivo ha ganado terreno en todas las corrientes artísticas. Para muchos, en la cultura contemporánea, la verdad reside en lo traumático y en el tema abyecto del cuerpo doliente o mutilado. Así, el cuerpo degradado es un importante testimonio contra el poder. Lo abyecto hay que entenderlo como lo despreciable, lo repulsivo y lo grotesco. No necesariamente se recurre a las figuras deformes. Basta con cierto uso de la ironía y la burla hacia un tema en concreto.

Actualmente, la fotografía también trabaja el ámbito de lo grotesco, creando climas densos, imágenes melancólicas e incluso macabras. De esta forma se cumple con lo que dice un crítico de arte llamado Arthur Danto: el arte contemporáneo invierte los valores, logrando así que lo desagradable pase a ocupar el lugar del gusto. No se trata de provocar placer a través de lo desagradable, sino de acordarnos de que la carne es corruptible.

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