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Una imagen es más que un producto de la percepción. Las propias imágenes pueden considerarse como medios de conocimiento que, de otra forma, se manifiestan como textos. La distinción entre imagen y medio nos aproxima a la conciencia del cuerpo. Lo que en el mundo de los cuerpos y de las cosas es su material, en el mundo de las imágenes es su medio. Dado que la imagen carece de cuerpo, ésta requiere de un medio en el cual pueda corporizarse.

Con la imagen digital se generan una serie de dudas. Para muchos, la imagen virtual escapa de nuestro concepto de imagen. Aunque también podría establecer un nuevo concepto de imagen que rehúye cualquier comparación con la historia de la imagen. La interacción entre imagen y tecnología solo puede entenderse si se la observa a la luz de las acciones simbólicas. La producción de imágenes ha tenido una estandarización de las imágenes individuales que, por su parte, se crearon a partir del mundo de imágenes contemporáneo de sus observadores, en el que hizo posible el efecto colectivo. El poder de la imagen es ejercido por las instituciones que disponen de las imágenes a través del medio actual y de su atractivo. Con el medio, lo que se promueve es la imagen que se pretende inculcar a los receptores.

Las imágenes poseen una forma temporal en los medios y en las técnicas históricas y, no obstante, son traídas a la discusión por temas que están más allá del tiempo, que serían la muerte, el cuerpo y el tiempo. Dejamos que la transcendencia del cuerpo sea confirmada por imágenes a la que les imponemos esta tendencia opuesta. Los medios digitales de la actualidad modifican nuestra percepción, al igual que lo hicieron todos los medios técnicos que les antecedieron; sin embargo, esta percepción permanece ligada al cuerpo. Únicamente por medio de las imágenes nos liberamos de la sustitución de nuestros cuerpos, a los que podemos mirar a sí a la distancia.

La imagen tiene siempre una cualidad mental y el medio siempre una cualidad material, incluso si en nuestra impresión corporal ambos se presentan como una sola unidad. La cuestión de imagen y medio nos conduce nuevamente al cuerpo, que no sólo ha sido “un lugar de las imágenes”, sino también un portador de imágenes a través de su apariencia exterior. Cuando producimos una imagen en y con nuestro cuerpo, no se trata de una imagen en este cuerpo. Más bien, el cuerpo es el portador de la imagen. Los aparatos de imágenes capaces de representar personas interrumpen esa unidad somática, al intercambiar el cuerpo por algún medio portador artificial, con lo que se establece una ruptura física entre éste y su imagen.

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Las imágenes digitales se encuentran almacenadas de manera invisible en una base de datos. Si bien, lo que está en cuestión aquí es el concepto de medio, algo similar ocurre con el concepto de imagen. No solo se ha vuelto incierta del lado de los medios, sino también del lado del cuerpo, junto con la experiencia tradicional, también se lo priva de la percepción tradicional. Desde épocas muy tempranas el deseo de reproducciones auténticas fue satisfecho mediante procedimientos técnicos anónimos que excluyen la imitación humana y que eliminan la intervención humana mediante la imprecisión de una mirada que sólo podría ser igualada por la del espectador. En la actualidad, los medios de almacenamiento administran una memoria electrónica de imágenes en reposo que provienen de muy lejos. Con frecuencia los nuevos medios no son otra cosa que un espejo del recuerdo pulido recientemente, en el que las imágenes antiguas perviven de manera distinta que en los museos, iglesias y libros. No todo invento técnico ha supuesto una nueva percepción. A veces, por el contrario, ésta fue el resultado de un cambio en el modo de mirar. Para ello se procuró un medio nuevo.

La imagen puede legitimarse en un concepto antropológico únicamente bajo un marco intercultural, en el que sea posible traer a discusión el conflicto entre el concepto general de la imagen y las convenciones culturales, de las cuales vive la formación de conceptos. Para una reflexión antropológica, resulta atractivo volver a identificar en los debates sobre las imágenes, por muy distinta que sea la manera en que se conduzcan, idealizaciones y malentendidos que vuelven resistente la cuestión sobre las imágenes a un tratamiento puramente científico. El medio tiene una función determinada a partir de que nos proporciona un concepto para no confundir la imagen de la pared con una cosa. Cada imagen, una vez que haya cumplido su función actual, conduce en consecuencia a una nueva imagen. Pero no resulta evidente qué cosa puede ser una nueva imagen: todas las imágenes viejas son nuevas imágenes que dejaron de serlo. Alguna imagen sólo podrá tener el efecto de una nueva porque utiliza un medio nuevo, o porque reacciona a una nueva praxis de la percepción.

“Los seres humanos elaboraron imágenes de sí mismos desde mucho antes de que comenzaran a escribir sobre sí mismos” (Belting, 2009, pp 110). Esto se ve en las cavernas, donde los cavernícolas se dibujaron a sí mismos. Ya desde la prehistoria se ha dado ese fenómeno de representar al ser humano, lo cual lo representaban con su cuerpo. Actualmente se representa al cuerpo de una manera diferente, con una belleza sobrehumana o como cuerpos virtuales. Como se ha visto, es imposible representar a una persona sin su cuerpo. El cuerpo es persona, imagen y, al mismo tiempo, la persona es más que una imagen, más que un cuerpo.

Durante la historia, se ha analizado y representado al cuerpo como algo inestable, algo que se descompone. El ser humano tiene cuerpo y alma y, sin embargo, el alma no se puede representar. Solo el cuerpo es representable, como imagen eterna del ser humano desde la prehistoria hasta el presente. En el Renacimiento, se vio al cuerpo como actor, convirtiéndolo en el tema principal de arte. Los cuerpos artificiales adoptaron la representación religiosa de los cuerpos vivos, tanto en el sentido de la burguesía como en la futura resurrección del cuerpo.

La fotografía se plantea como un tema arqueológico, a partir de que las técnicas digitales reemplazaron la producción fotoquímica de imágenes. La crisis se da en el hecho de que no existen ya imágenes que puedan ser aceptables, que apartan de nuestra mirada la realidad del cuerpo y la disuelven en imágenes.

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