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Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos. Es necesaria una sacudida incesante de la observación para adaptarse no al contenido de los mensajes sino a su hechura: Dicho brevemente: el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la “cocina del sentido”

Si las tareas de la semiología crecen incesantemente es porque de hecho nosotros descubrimos cada vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la manera de pensar del mundo moderno, un poco como el “hecho” constituyó anteriormente la unidad de reflexión de la ciencia positiva.

El lenguaje interviene siempre, como intermediario, especialmente en los sistemas de imágenes, bajo la forma de títulos, leyendas, artículos; por eso no es justo afirmar que nos encontramos exclusivamente en una cultura de la imagen. No hay que confundir “significar” y “comunicar”; “significar” quiere decir que los objetos no transmiten solamente informacione, sino también sistemas estructurados de signos, es decir, esencialmente sistemas de diferencias, oposiciones y contrastes. Los diccionarios dan definiciones vagas de “objeto”: lo que se ofrece a la vista; lo que es pensado, en una palabra, como dice la mayor parte de los diccionarios, el objeto es “alguna cosa”, definición que no nos enseña nada, a menos que intentemos ver cuáles son las connotaciones de la palabra “objeto”. Por mi parte, vería dos grandes grupos de connotaciones: un primer grupo constituido por lo que llamaría las connotaciones existenciales del objeto. El objeto, muy pronto, adquiere ante nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que se obstina en existir, un poco como el hombre; dentro de esta perspectiva hay muchos desarrollos, muchos tratamientos literarios del objeto. Hay también un tratamiento más estético del objeto, presentado como si escondiera una especie de esencia que hay que reconstituir (naturaleza muerta, cine, etc)

Hay también otro grupo de connotaciones, se trata de las connotaciones “tecnológicas” del objeto. Se define entonces como lo que es fabricado; se trata de la materia finita, estandarizada, formada y normalizada, es decir, sometida a normas de fabricación y calidad.

La primera de las coordenadas es la que yo llamaría una coordenada simbólica: todo objeto tiene, si puede decirse así, una profundidad metafórica, remite a un “significado”; el objeto tiene por lo menos un significado.

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