Etiquetas

,

Los niños y las niñas, antes de cumplir los dos años de edad, ya dibujan de forma espontánea y natural, con cualquier tipo de técnica y sobre cualquier soporte. Desde que se comenzó a considerar el dibujo infantil como una forma de expresión propia del niño, los estudios se interesaron por determinar cuáles eran los rasgos característicos de ese lenguaje visual. Entre los más mencionados figuran estos diez:

  • Principio de aplicación múltiple, por el que una misma forma puede servir para representar muchas cosas diferentes
  • Principio de la línea de base, que cruza de parte en parte la zona inferior del dibujo, sobre la que se apoyan o sostienen las figuras.
  • Principio de perpendicularidad. La relación entre un objeto y la base en la que se apoya es preferentemente perpendicular.
  • El principio de la importancia del tamaño, en que se agranda las figuras o las partes del cuerpo que se quiere resaltar.
  • El principio de aislamiento, en que se dibuja los elementos uno a uno y en su disposición característica.
  • Principio del imperativo territorial, en que cada elemento que aparece en el dibujo dispone de su espacio propio e inviolable.
  • El principio de la forma ejemplar, en que se preferirá aquel que mejor describe sus principales cualidades visuales.
  • El principio del abatimiento, en que los objetos verticales aparecerán “a vista de pájaro”, de tal manera que siempre se presente al espectador la superficie más extensa del objeto.
  • El principio de simultaneidad, en que cada parte de la figura se dibujará de acuerdo con el punto de vista que más se aproxime a la “forma ejemplar” de esa parte.
  • El principio de visión de rayos X, por el que se dibuja todo lo que sea necesario describir explícitamente en la imagen, aunque haya que hacer “transparentes” las paredes de las casas o automóviles.

Fueron varios los estudios que se realizaron sobre la evolución del dibujo infantil. Casi todos coinciden en que se comienza con el garabateo y, poco a poco, se va definiendo la figura humana o cualquier otro objeto reconocible.
La etapa del garabateo se situaría entre los uno y los cinco años de edad, aunque hay niños que, desde los cuatro años, ya comienzan a representar figuras humanas. Si a un niño se le provee de los materiales, es capaz de garabatear en cualquier superficie. En esa etapa es frecuente verlos dibujar por las paredes, dado que las hojas comunes les resultan muy pequeñas para realizar los trazos debido a que aún no manejan su motricidad. Cuando van creciendo, aprenden sobre el significado de las imágenes y los símbolos, por lo cual sus dibujos se vuelven cada vez más entendibles. Incluso, son capaces de representar una historia, mezclando el dibujo con la escritura. Y cuando van acercándose a la pubertad, sus dibujos cada vez se vuelven más parecidos a los objetos o, incluso, a figuras animadas famosas. Es normal que, durante la adolescencia, se pierda el interés por el dibujo debido a la poca motivación que recibe en su medio. Solo en algunos casos el adolescente puede seguir con la práctica, llegando incluso a perfeccionar en la técnica y a realizar dibujos artísticos o enfocarse en buscar su propio estilo. Y, con el paso del tiempo, convierte su hobby en una profesión, llegando a ser un gran maestro en el dibujo. Todo depende de la motivación que recibió de pequeño. No todos son motivados a dibujar, debido a que los adultos ven que “solo hacen garabatos” para pasar un “buen rato”. Y también están los que fueron a estudiar en alguna parte pero, al ver la cantidad de pasos a seguir para que el dibujo salga igual al objeto a ser representado, se frustran y dejan el dibujo a un lado. Es por eso que no todos los adultos saben dibujar o, cuando lo intentan, lo dejan por el camino.

Anuncios