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“Kurupi” – Fidel Fernández – Primer premio concurso de pintura Ateneo Paraguayo – 2014

La estética, originariamente, intentaba establecer la teoría del conocimiento sensible y su problema central siempre ha sido la esencia de lo bello. Si estudiáramos a los diversos filósofos griegos, podemos ver que, en sus teorías, también se encontraba la teoría dela belleza. Uno de los filósofos que intentó establecer el concepto de belleza fue Platón. Hay que recordar que nuestro mundo es la copia de un “mundo ideal” desde el punto de vista de Platón. Consideró la belleza como una realidad en sí misma, lo que hace que existan cosas bellas.

Aristóteles, quien acostumbraba a contradecir a Platón, asentaba su estética sobre principios realistas: la teoría de la imitación y la catarsis. Mientras que Platón decía que somos hechos por moldes eternos e inmutables, Aristóteles establecía que las formas de las cosas son como las cualidades específicas delas cosas. Si vemos que un objeto es bello, sabemos que lo es por lo que hemos visto y porque nos producen ciertas sensaciones, ciertos sentimientos. Los neoplatónicos, en cambio, interpretaban lo bello como manifestación del espíritu en la que éste se despliega.

Lejos de la civilización griega, se encuentran otros filósofos que también trataron de establecer el concepto de la belleza. Uno de ellos es Kant, quien en su libro “Crítica del juicio” creó una determinación rigurosa de lo bello que, junto con lo verdadero y lo bueno, constituyen valores atribuibles a las tres actividades humanas: sentimiento, entendimiento y voluntad. Schiller, en cambio, vio en la belleza la síntesis de lo transitorio y lo eterno, y en la aprehensión de la misma, la síntesis del pensamiento y sentimiento.

Los ingleses, durante el siglo XVIII, analizaron la impresión estética y distinguieron entre la belleza experimentada inmediatamente y la belleza relativa, determinada por ciertos fines, separando así mismo lo bello de lo sublime. Lo sublime es un grado más alto que lo bello, en donde predomina la majestuosidad y grandeza incomparable. Es aquí donde se contempla lo infinito y, según la estética, la única forma de representarlo es por medio del arte.

En el siglo XIX, el problema de la belleza se aborda en función de las obras de arte, de las motivaciones psicológicas de la creación artística o de las finalidades sociales. Algunas posturas filosóficas sostienen que los juicios de belleza son subjetivas y, otras, afirman que son objetivas. Y así siguen hasta llegar a la estética contemporánea, el cual se inclina hacia dos tendencias: la ontología metafísica, que desplaza radicalmente la categoría de lo bello, sustituyéndola por la de lo verdadero, y la tendencia histórico sociológica, que estudia la obra de arte entendida fundamentalmente como documento y manifestación del trabajo del hombre, analizada en su propio ámbito socio histórico.

Tanto procuró la estética darle un significado a la belleza, que con eso también se estableció qué sería lo opuesto a la belleza. Es muy conocida la frase “todo lo bello es bueno”, por lo cual genera que juzguemos a los objetos y a las personas por su apariencia exterior. Lo opuesto, lo que sería la fealdad o lo feo, causa repulsión y rechazo. Una persona bella está compuesta por todas sus partes, en armonía, sin tener los brazos muy largos o las piernas muy cortas. Se puede ver esa perfección en el “hombre de Vitrubio”, de Leonardo da Vinci. ¿Y qué hay de los mutilados? ¿Y de los tuertos? Ante este postulado, no es nada extraño que, en una película de acción, el malo de la historia sea un tuerto o un mutilado, mientras que el protagonista, el del “lado de los buenos”, sea una persona atractiva.

También es normal ver, sobre todo en los cuentos populares, que las protagonistas principales siempre son chicas jóvenes y bellas, mientras que las brujas y los malvados son personas viejas y feas. Y no es algo que se viene destacando en la actualidad. Eso ya se ha establecido desde la antigüedad. Mientras los filósofos griegos determinaban cuándo una persona era bella, también descartaban ciertas características que podrían considerarse para nada atractivas. Y en el ámbito artístico, por mucho tiempo, se ha intentado representar lo bello y lo sublime, dado que los filósofos creían que el arte debía ser bello.

A pesar de eso, muchos artistas también persiguieron lo grotesco, lo trágico. Se pueden ver las pinturas negras de Goya, los cuales representan seres grotescos, que causan repulsión y que son reflejos de la decadencia del artista, muy diferentes a sus cuadros anteriores en las que sí plasmaban colores y luminosidad. Los artistas contemporáneos se alejan por completo de la belleza, para representar la tragedia, la realidad. Lo trágico, para ellos, es la categoría estética que mejor expresa la condición esencial del ser humano y lo enseña a conocerse en el despliegue de pasiones que describen su grandeza y mezquindad.

Ante estas evidentes contradicciones por las que se enfrentaron muchos artistas a la hora de crear sus obras de arte, la estética se vio en la obligación de dejar a un lado la belleza, dado que dejó de convertirse en su objetivo principal. Empezó a estudiar también lo opuesto a la belleza, lo que es feo, malo, lo que causa repulsión. Ahora, la estética intenta estudiar el gusto de las personas, el porqué ciertas cosas nos gustan mientras que otras nos causan rechazo. Eso varía de acuerdo a la persona, así como también de la edad y la cultura. Pero también nuestra educación establece las categorías para que un objeto sea considerado bello o feo. Pero no todo lo bueno es bello. Hay serpientes con hermosas escamas pero con un veneno mortal, así como también existen hombres atractivos pero con un carácter horrible.
Bibliografía

Jostein Gaarder, “El mundo de Sofía”, Noruega, Siruela, 1994 (pp 99 al 129)

“Enciclopedia Visor”, Tomo 3, Argentina, Visor, 1999

“Enciclopedia Visor”, Tomo 9, Argentina, Visor, 1999

http://www.slideshare.net/guest778fc9/categoras-esttica (junio, 2013)

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