Cuando la ficción se convierte en realidad

Cualquier persona adicta a la lectura (o, por lo menos, adicta a la CURIOSIDAD), puede darse cuenta que, por muchos años, existieron personas que hablaron de sociedades, tecnologías, pensamientos y lugares que, durante sus respectivas épocas, prácticamente no existían. Por ejemplo, en la época de los conquistadores (colón y demás yerba), a nadie se le ocurrió que, entre Europa y Asia, existía otro continente habitado por otras civilizaciones muy avanzadas (pero no tanto en el ámbito de las armas, como ya lo era Europa). Cuando Da Vinci diseñó máquinas para volar, de seguro todos creían que solo estaba soñando, porque a nadie se le ocurrió que el hombre, algún día, podría volar. También está Julio Verne, que ya habló sobre viajar a la luna (y todos decían que eso era imposible) y podría citar a muchos, pero no es eso a lo que vengo hoy. Simplemente, quisiera hacer una pregunta: ¿Todavía existen personas que hablan de cosas que, actualmente, o no se inventaron o los consideramos imposibles?

¡¡¡Por supuesto!!! Desde que se registró el primer OVNI por los cielos, muchas personas empezaron a hablar de civilizaciones que podrían habitar otros mundos. Hasta ahora, muchas personas no creen en esa posibilidad y asumen que, por ciertas características, la Tierra es el único planeta de TODO el universo que puede albergar vida. También están todos esos libros de ciencia ficción y películas que hablan de robots, que plantean que podrían a llegar a ser como los humanos. Si uno investiga por internet o las revistas científicas actuales, puede ver que ya están creándose esos robots y que éstos, por medio de la observación, pueden realizar diversas acciones e, incluso decir lo que siente y piensa. Es lo que se llamaría “inteligencia artificial”. Pero la mayoría de las personas argumentan que es imposible que un robot tenga sentimientos, dado que es una máquina que se maneja por medio de programas informáticos. Solo “imita” lo que hace un humano. También se está investigando mucho sobre las células y el ADN. Ahora se usa mucho eso para resolver crímenes, encontrar a una persona desaparecida o, simplemente, relacionar parentescos de dos personas que dicen ser parientes sanguíneos. Incluso también se usó y se usan para clonar animales (como la oveja Dolly). Hubo un tiempo en que se hablaba de clonar humanos, pero en este tema entraron fuertes debates en que se metió la moral y la religión. Todavía sigue vigente el tema, pero que yo sepa, aún no clonaron humanos. Quien tenga esa información, podrían ponerme al tanto porque en serio me interesa ese tema.

Y hablando de tecnología avanzada… dejaré de lado los celulares, las computadoras y todo eso, dado que, por ahora, se hacen variantes de máquinas que ya existen (los fusionan o los innovan). Hablaré de “trasladores” (¿Así se escribe?). Aparecieron en muchas revistas científicas y en historias de ciencia ficción. Son como máquinas que sirven para trasladar objetos o personas a otro sitio. Según tengo entendido, más bien es como si desintegrara la materia y lo volviera a reconstruir en otro sitio. No entiendo mucho de materia, átomos y demás, pero tengo una idea de cómo podría ser. Sería como “desarmar un rompecabezas y contruirlo en otro lugar”. Imaginense que, con esas máquinas, podrían irse a cualquier parte del mundo: a Francia, China, India, Australia y muchos más. Y lo mejor, no necesitarían esperar horas en una fila para conseguir el pasaje ni tampoco estar horas en un avión o barco para irse a esos lugares. Solo es cuestión de minutos y ya está. Ahora bien, no sé si realmente existirá esa clase de tecnología, o si nuestra generación vivirá lo suficiente para verlo. De seguro, eso mismo pensaron los contemporáneos de Da Vinci y Julio Verne, cuando hablaron de máquinas para volar a varias partes del mundo, incluso hasta la luna.

Y bien, ahora diganme, ¿Ya todo está inventado? ¿Ya todo se descubrió? Todavía existen esas tecnologías ficticias que, si nos proponemos, podríamos hacerlas realidad. Solo es cuestión de seguir investigando y, también, de que las mismas sean para el bien del mundo y no para su destrucción. O podría pasar lo mismo que pasó con la bomba atómica: una energía que podría servir para dar luz eléctrica a una nación, al final fue utilizada para destruir un lugar.

¿Patriotismo?

En los discursos siempre escuchamos el llamado a ejercer el patriotismo, a identificarnos con nuestra cultura con orgullo y otras expresiones de la identidad nacional. Pero existen riesgos en los planteamientos de los políticos nacionalistas, ya que podrían atentar contra los valores nacionales y universales, que son los que permiten la convivencia y la unidad entre los miembros de una nación. Somos seres situados en este mundo, compartimos la humanidad y, como tales, transcendemos todo paradigma y criterio cultural, lo que nos concede derechos inalienables que deben ser observados y respetados. Si somos seres situados es porque tenemos una identidad, desde donde compartimos la humanidad. Lo que no se debe perder es el horizone de la humanidad, entendida como comunidad de diálogo, es decir reconocer la humanidad en cualquiera de sus manifestaciones culturales.
Ahora bien: ¿Qué es la identidad nacional? Algunos sostienen que ya no existen razones para hablar de identidades nacionales, porque con el fenómeno de la globalización se ha universalizado un determinado modelo cultural. Otros, en cambio, sostienen que, sin la identidad, los sujetos no tendrían elementos que los identifiquen, dado que es algo que nos identifica lo que somos y que constituye el sentido y significado de nuestra existencia. Las naciones incluyen una serie de creencias que las personas tienen sobre ellas y, cuando se habla de nacionalidad, no solo se refiere a un concepto abstracto, sino a características físicas, maneras de comportarse y, principalmente, la concepción que las personas tienen de sí mismas.
La nación significa la convivencia de personas que se caracteriza por el reconocimiento de sus miembros. Todo sujeto tiene una nacionalidad desde donde se comprende, interpreta el mundo y se relaciona con otros. Aunque muchos no desean pertenecer al país en que nació, ya viene incorporado en su personalidad la cultura nacional. Y también, por más que viaje a otras naciones y conozca otras culturas, puede adquirir con el tiempo hábitos del extranjero, pero aún así, sigue perteneciendo al país en que nació. ¿Hay que amar, por lo tanto, a un país solo por nacer en ese país? ¿Aún la gente se emociona al cantar el himno nacional, o lleva la escarapela en el pecho o se encuentra con el presidente? Los tiempos cambian y aún siguen estas discusiones y preguntas sin respuesta. Preguntas que hasta los niños se las plantean, por más que los adultos no sepan responderlas y no tienen otra opción más que los pequeños busquen por ellos mismos las respuestas.

Resumen del texto “El grabado en el campo expandido” de María do Carmo de Freitas Veneroso

ATENCIÓN: EL TEXTO ORIGINAL ESTABA EN PORTUGUÉS, ASÍ QUE TUVE QUE TRADUCIRLO Y ACORTARLO, POR SER MEDIO LARGUITO. AÚN ASÍ ESPERO QUE LES GUSTE ESTE APORTE DEL GRABADO 😀

Se puede pensar en el campo ampliado del grabado, la pintura, el dibujo y la fotografía relacionadas entre sí con el cine, la música, la literatura y las nuevas tecnologías digitales aplicadas a las artes, que ofrecen un terreno fértil para especular sobre las relaciones intermedias en el ámbito de la reproductibilidad técnica de la obra de arte.

La reproductibilidad técnica trae un cuestionamiento sobre lo original y lo auténtico. Según Walter Benjamín, “la própia noción de autenticidad no tiene sentido para que una reproducción sea técnica o no”. De esa manera, es justamente porque la autenticidad escapa de toda reproducción que el desenvolvimiento de algunos procesos técnicos de reproducción permitió fijar grados y diferenciaciones de la propia autenticidad.

Hasta poco tiempo atrás, el grabado era considerado original cuando:
1. El artista creó la imagen sola.
2. El grabado era hecha por los materiales citados por el artista o de su dirección
3. El grabado final era aprobada por el artista.

A partir del “pop art”, el grabado tiene extrapolado las cuestiones técnicas, explorando nuevos abordajes y diálogos. La posibilidad de reproducción del grabado ya no es, por tanto, relevante, en un momento en que se producen millones de copias en un corto espacio de tiempo mediante técnicas como el off-set y las propiciadas por los avances de la digitalización de la imagen.

Kiki Smith:  La artista, conocida como escultora, pasó a incorporar el grabado en sus trabajos a mediados de los 80. Su temática abarca desde el cuerpo humano, envolviendo tanto su fuerza como su fragilidad. trascendió su propia individualidad hasta alcanzar temas colectivos como muerte y decadencia, así también como ideas de nacimiento y regeneración.

Lesley Eneldo en diálogo con Emily Dickinson: Lesley Dill tiene una fuerte relación con la literatura. Poemas de Emily Dickinson surgen en sus trabajos de la serie: “The poetic body”. Ella utiliza procesos fotográficos en sus grabados y experimenta diferentes dimensiones del espacio. Tanto en el poema de Dickinson cuanto en la obra de Dill abordan temas ligados a la condición femenina.

Félix González Torres: Como otros artistas, no aborda el grabado a partir de la perspectiva de la pintura. Su arte se fundamenta sobretodo en el concepto. Lo que hay en sus obras es un humor irónico e inesperado, cuando él utiliza balas, “cookies”, chicles, invitando al espectador llevarlos consigo

Conclusión

Cada uno de esos artistas amplia el campo del grabado. En sus obras, el grabado se expande a través del diálogo con otros lenguajes, contribuyendo para la modificación de su estatuto en la contemporaneidad. Deja de ser una simple técnica de reproducción de la imagen para tornarse un lenguaje, abierta al diálogo con otros campos de la especulación artística.

 

El arte a comienzos del setenta

El arte en los años 70 se divide en dos grandes corrientes que se oponen entre sí: por un lado, está la corriente idealista e individualista que se cubre bajo el concepto de “arte conceptual”. Y, por otro lado, existe una tendencia materialista y colectiva relacionada con una práctica social o política que llega, incluso, hasta poner en cuestión los principios mismos de la producción artística. Esta última tendencia reviste, generalmente, formas «realistas» (realismo socialista, hiperrealismo, propaganda política, arte proletario).

La expresión “arte conceptual” se remonta a comienzos de los años sesenta y viene de un ensayo, escrito por Henry Flynt, que dice lo siguiente: «El concepto de arte es, ante todo, un arte en donde los conceptos constituyen el material.  Y como los conceptos están estrechamente vinculados al lenguaje, el concepto de arte es un arte en donde el lenguaje es material”

Entre las manifestaciones artísticas conceptuales se pueden citar el arte póvera (o arte pobre, que se opone al arte comercial y utiliza pocos elementos para realizar una obra), el land art (intervención de un espacio utilizando los elementos de la naturaleza), el minimal art (minimizar el espacio y el uso de elementos), el body art (usar el cuerpo como lienzo por medio de tatuajes o pintura) entre otros.

En cuanto al arte plástico, la oposición se sitúa entre el arte conceptual como expresión autónoma y de todas las formas de realismo basadas en un modelo. Esta distinción podría relacionarse con la oposición ideológica entre el idealismo y el materialismo marxista. En Europa y Estados Unidos se desarrolla la “nueva abstracción”, en el que existen unos cuantos que aún ven al bastidor como un espacio válido, «analítico», capaz de hacer avanzar las investigaciones acerca de la percepción. Aunque también están los que intentan aplicar este trabajo «analítico»  a una multitud de soportes que podrían penetrar con mayor profundidad en los campos de lo social para mejorar los intercambios y la comprensión entre las investigaciones plásticas y el público.

En países como China, en cambio, surgió un arte que alaba al héroe proletario, en el que combinan el realismo y el romanticismo revolucionario. En varios países también surgieron las propagandas políticas, con el uso de los carteles repetitivos de ciertos mandatarios. Esa práctica fue muy vista en países donde se impuso la dictadura en aquella época.

El mayor conflicto de la producción artística de comienzos de los años setenta se establece entre un arte conceptual dedicado a la desmaterialización y un realismo que no rechaza ni el objeto ni la imagen.  Varios fueron los artistas que practican una representación realista derivada de todas las tradiciones académicas, socialistas o hiperrealistas, aun cuando la utilicen con fines de crítica radical de la sociedad y de la actualidad política.

El arte conceptual tendrá sus admiradores y detractores pero, a pesar de todo, marcó un antes y un después en la historia del arte. Por siglos se ha tomado el arte como mímesis.Y recién a mediados del siglo XX y por influencias de Duchamp y el dadaísmo, se dio un estirón hacia este arte moderno que hasta hoy genera controversias.

El problema es que, de tanto concepto que se le da a una obra, la misma pierde interés y significado. Será por eso que muchos rechazan esta clase de arte. Y más porque no le encuentran el sentido de que solo con un objeto ya uno sea considerado un genio. A veces se hace más esfuerzo en el concepto que en la obra en sí. Habría que replantearse en el tema del arte, cómo podemos enfocarlo en la actualidad y si realmente el arte conceptual adquiriría un gran valor con el correr del tiempo. Aunque lo bueno es que, en este ámbito, todo es permitido y solo basta la creatividad de uno para lograr que un objeto cotidiano llame la atención y sea recordado en el ámbito artístico.

Por lo tanto, para finalizar esta reflexión, se podría decir que hay todavía un largo camino por recorrer. El concepto de arte es más abierto que hace siglos anteriores y, con los avances tecnológicos, se puede lograr miles de ideas. Solo basta que uno se lo proponga y lo lleve a la acción, a la realidad.