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El arte contemporáneo es objeto de miles de interpretaciones, así como también objeto de miles de polémicas con respecto al rumbo que está tomando el arte en la actualidad.
La novena Bienal del Mercosur, así como pasa con otras bienales, mostró obras de arte contemporáneas. En clase de Semiótica, luego de leer el libro de Greimas, decidimos realizar una visita a la Bienal, elegir una obra que nos llamó la atención y crear, a partir de ella, un objeto o dispositivo que nos permita acceder o representar dicha obra.
Como estudiante extranjera de artes visuales, durante mi intercambio, realicé varias visitas a la Bienal. Quizás poniendo muchas expectativas, lo cual se explica las impresiones que me causó el evento en el primer capítulo, así como también explica un poco sobre el arte contemporáneo y sobre la trascendencia del arte paraguayo, dado que soy originaria de Paraguay y tenemos también nuestra concepción sobre lo que es el arte.
Al igual que mis colegas de la clase de semiótica, también elegí una obra de arte que me llamó la atención. En este caso fue “La musa de barro” de Rauschemberg, el cual me llevó a investigar sobre sus obras, el origen de la musa y las impresiones que me causó la primera vez que me topé con esta musa contemporánea. Luego analicé un poco sobre las impresiones que causó sobre dos personas diferentes a mí, ya sea porque son de diferentes países o porque estudian diferentes carreras. Acompañado de eso va una reflexión sobre el camino que va tomando el arte contemporáneo, las impresiones que causó esta Bienal y sobre otras representaciones que se hicieron de la musa, ya sea con un enfoque “clásico” como con un enfoque “contemporáneo”
Diferentes interpretaciones, un mismo tema. Eso es lo que llevó a escribir el texto semiótico, dividido en tres partes. Quizás no está del todo correcto, pero lo bueno es que va de acuerdo a la interpretación de cada uno, tanto de para quien lo escribe como para quien lo lee.

La inmanencia de lo sensible (Greimas)


En el libro “De la imperfección”, Greimas trata sobre la inmanencia de lo sensible al usar un texto de Tanizaki, donde habla de la luz de la oscuridad. Se sabe que los orientales, en general, tienen cierta fascinación con la oscuridad y Tanizaki realza aquello con sus textos, comentando sobre que lo oculto se vuelve más atractivo. En realidad, somos nosotros los que construimos la realidad. Usamos la luz para poder vislumbrarla, alejarla de aquella oscuridad que la oculta con cierto recelo. El problema también es que, de tanto que deseamos usar la luz y el brillo, ciertos momentos u objetos pierden el valor que le habíamos puesto cuando se hallaban en las penumbras. Aunque también podría ocurrir lo contrario: ciertas situaciones u objetos generan nuevos sentidos bajo la luz.
Quizás con esos motivos, Rauschemberg ha creado su obra de arte, la cual a simple vista causa diferentes impresiones. También por eso, lo he filmado para poder apreciarla después y analizar qué impresiones me causa cuando veo a la “musa de barro” en diferido. No es lo mismo que contemplarla en persona. El video se puede ver por internet, sin embargo quienes lo vean no sentirán lo mismo que sentí cuando estuve frente a ella. Así como Tanizaki elogió a la sombra, yo elogio el encanto de los videos que, al final, solo muestran parte de la realidad. Tal como la oscuridad, solo se puede apreciar una parte, un contorno, sin necesidad de ir a más para ver de qué se trata realmente.

La bienal del Mercosur

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La bienal del Mercosur del año 2013 fue la primera que visité. Ya había escuchado sobre las bienales el año pasado, pero como vivo en otro país, no pude asistir a ninguna.
Lo que sabía era que en la década del 50 se creó la “Bienal de Sao Paulo”, lo cual dio al país brasilero una resonancia internacional. Desde ese año, el arte se desarrolló, al igual que en Europa, con la búsqueda e investigación de nuevas técnicas. Todo eso hizo que desde la década del 60 hasta hoy en día, artistas de todo el mundo acudieran al Brasil para aportar sus experiencias y conjugarlas con los caracteres del arte nativo brasileño. Por eso, no es de extrañar que el arte paraguayo vaya adquiriendo elementos del arte brasileño.
Por suerte, tuve la oportunidad de realizar un intercambio estudiantil en Porto Alegre, coincidiendo con la fecha en que se realizó la Bienal. Llegué al destino, como estudiante extranjera de artes visuales para conocer otra cultura y asistir a la bienal. Llegué con muchas expectativas, dado que en mi país ven a los artistas “extranjeros” como grandes pioneros, que mostrarían obras muy interesantes.
Eso se debe a que, comparado con otros países que desarrollaron nuevas manifestaciones de arte, el Paraguay de finales del siglo XIX y principios del XX no siguió ese mismo camino. Dado que el país fue gravemente afectado por la Guerra de la Triple Alianza, su cultura es interrumpida bruscamente. Al final de la primera mitad del siglo XX, sucedieron un montón de cambios sociopolíticos en el país y en el mundo. Con esto, el arte paraguayo va tomando un nuevo rumbo, tratando de alejarse del academicismo para ser influenciado por las nuevas corrientes latinoamericanas, especialmente del arte brasilero y la rioplatense. Con esto, se incorpora elementos de los movimientos europeos de comienzos del siglo, como el expresionismo y el cubismo. También se producen las primeras manifestaciones de escultura contemporánea y surge la xilografía. En la última década del siglo XX, el arte paraguayo dio grandes avances en comparación con décadas anteriores. De esta forma, fue acercándose poco a poco a los niveles expresivos que otros países ya habían desarrollado anteriormente. Todos los artistas, historiadores, críticos de arte y personas interesadas en la marcha de lo estético, discutían los desafíos y el sentido de la renovación del arte en el medio, dando importancia a la economía y la cultura del mundo en plena globalización.
Fui al Gasómetro, MARGS, Memorial y Santander Cultural, donde se realizó la Bienal. Algunas cosas fueron interesantes, pero otras fueron un desastre. Por ejemplo, algunas obras, a mi parecer, fueron desprolijas, no tenían un concepto que me convenciera o los objetos en sí no fueron debidamente colocados. En las etiquetas no tenían muchas especificaciones con respecto a las obras, aunque lo que rescato es que estaban en tres idiomas: inglés, español y portugués.
Al inicio de la Bienal yo estaba muy entusiasmada, todo parecía novedoso. Puse muchas expectativas y esperaba más exposiciones. Yo creo que también faltaron artistas de otros países, así como también creo que, en mi país, los artistas hacen las mismas cosas que los artistas de la Bienal, por ende no encontré mucha novedad.
En la actualidad todavía nos encontramos en una etapa fronteriza, aunque ya hacemos uso de la tecnología y las nuevas formas de comunicación para encontrarnos con el arte contemporáneo, algo que el arte “moderno” no logró alcanzar por cierta falta de recursos. Pero también existe aquella preocupación por la fragilidad del discurso de los críticos que intentan sostener el concepto de arte de la población actual. Los artistas insisten en que el proceso artístico se llene de relaciones y en la obra final se produzca la interrogación del propio espectador que es obligado a ello.
También la Bienal se tornó muy cerrada, cuando en algunas palestras o actividades artísticas solo incluyeron a los otros artistas, críticos o profesores pero no incluyeron al público en general. Por eso también genera mucho rechazo en las personas. Se supone que el arte conceptual debería ampliar el público, pero solo ocasiona que se sienta rechazo y exclusión al círculo artístico. Por eso yo creo que “el clima no fue favorable” para mí y para otros.
Se sabe que a partir de la década del 60 se produjeron cambios en las esferas de la plástica, lo cual se llevó a cabo una nueva clase de arte que, en oposición al “arte anterior moderno”, se pasaría a llamar “posmoderno”. Sin embargo, hay quienes rechazan dicho fenómeno, como resultado de procesos que no corresponden a países latinoamericanos. A pesar de eso, ese tipo de arte ha creado una cosmovisión distinta a diversos artistas, sean estos de la región que pertenezca. Por lo que no es de extrañar que un artista europeo y un artista latinoamericano hagan, prácticamente, el mismo tipo de arte “posmoderno”.
No sé si debían ampliar más los lugares de exposición, o replantearse el concepto de las Bienales o del “arte conceptual”. Sólo espero que, cuando retorne a mi país, pueda saber qué realmente significó la Bienal para mí, si me cambió la idea que tenía sobre arte, si hizo que odiara lo conceptual o hizo que “se expanda mi mente”. Aún no sé, solo el tiempo lo dirá.

“Tocada por la musa”


El nombre de la obra escogida se llama “La musa de barro”, hecho por un estadounidense llamado Robert Rauschenberg.
Esta instalación es una combinación del arte con la tecnología, donde se hace uso de las ondas de sonido para crear las burbujas en el tanque de barro. A primera vista se ve un tanque de barro que lanza burbujas, lo cual recuerda a un charco de lodo en algún sentido.
Por otro lado, luego de informarse sobre el trabajo del artista, se puede ver que es un trabajo experimental sobre las nuevas formas de usar la tecnología para crear obras de arte. En este caso, la intención era estimular el sentido visual y el sentido auditivo. Con otros ingenieros, el artista buscó las formas de activar el lodo mediante ondas de sonidos pre-grabados (ya sean estos sonidos de pájaros, notas musicales y demás), para que la erupción del lodo sea activada en distintos puntos del tanque.
Rauschenberg es reconocido por sus pinturas, las cuales trascendieron desde el expresionismo abstracto hasta el pop art. Sin embargo, lo característico de sus obras es que usaba elementos poco comunes como animales disecados, sillas, botellas, ruedas y más, creando de esta manera combinaciones innovadoras. También se dedicó a las instalaciones. La más famosa es una hecha con dos bicicletas, la cual se encuentra en Alemania.
Sin embargo, se puede apreciar que el artista dio un gran salto con el uso de la tecnología. Pero también se puede ver partes de su estilo, sobre todo al usar de nuevo un elemento poco peculiar, como es el barro. Y es ese estanque de barro que nos lleva a todos a diferentes interpretaciones, así como también nos produce diferentes sensaciones al ver las burbujas y escuchar el sonido que produce.
Con la intención de acercarme a la obra, realicé un video reflejando a la “musa de barro”. Durante la filmación me acerqué al estanque (cosa que se muestra al final del video), una de las burbujas estalló y me salpicó. Solo fueron unas gotitas, lo suficiente para sentir aquel líquido acuoso y preguntarme si realmente era barro, dado que al final fue como palpar algún licuado o mezcla de agua con una sustancia pegajosa. Por lo tanto, y atendiendo al título de la obra, sentí cómo era el ser “tocada” por una musa, llena de misterios e intrigas. Y pensar que una simple máquina (lo que aparece al principio de la filmación) pueda intervenir en un estanque de barro que, al principio, se veía fijo y tranquilo.
Se sabe que las musas provienen de la mitología griega y eran consideradas las diosas inspiradoras de la música. Según las nociones posteriores, se consideraron divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias. Originalmente fueron consideradas ninfas inspiradoras de las fuentes, cerca de las cuales eran adoradas. Se crearon diversas representaciones de las musas, ya sea en esculturas, en pinturas, en la literatura e, incluso, en películas animadas como “Hercules”, de Disney.
Sin embargo, este artista buscó representar a la musa de otra forma, con un estilo más “contemporáneo”. Y qué mejor forma que usar el barro, lo cual nos remite también al Génesis, que nos dice que el hombre fue creado de la tierra. Si uno piensa en eso, espera a que salda del lodo una figura humana. En este caso, que se forme la figura de una musa. Claro está que se requiere de ciertas técnicas modernas para lograr el objetivo.
De todas formas, es una manera de buscarle nuevos usos a la tecnología, de manera a que las mismas estimules los sentidos. Por medio del video que filmé, la intención era que otras personas también pudiesen apreciar a la musa, aunque en este caso se use más la vista, dado que la filmación enfoca perfectamente a las burbujas explotando por medio de las ondas de sonido. Y también refleja un poco el sonido del lodo, aunque se mezcla un poco con el sonido de los espectadores o visitantes que también se encontraban en el lugar.

Diferentes encuentros

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La primera vez que asistí a la Bienal fue con un amigo (quien también estudia Artes Visuales) y lo primero que nos llamó la atención fue “La musa de barro”. Al principio sentí repugnancia, porque me recordó a algunas películas en que los personajes caen en charcos de lodo y quedan todos sucios. Mi amigo comentó que le recordaba a las ollas de comida, lo cual al principio me causó gracia.
Días después, recorrí varios sitios de la Bienal, sacando fotos y también investigando un poco sobre las obras y los artistas que participaron de la misma. En casi todas hacen uso de la tecnología. Y también están las que se crearon con pocos materiales, como en el caso de la estructura hecha con cartón, que ocupa casi toda la planta baja del MARGS. Y en cuanto al Gasómetro, están las estructuras de hierro que rememoran a las estructuras de juegos que se suelen montar en las plazas, para los niños. En el Memorial se cubrió gran parte del piso con tierra, el cual contenía pequeños caminitos o senderitos y, al inicio, tenía un ramo de flores que se secaron con el transcurso de los días.
En estos tiempos, muchos artistas vuelven a mirar al pasado con el uso de pocos materiales, lo cual recuerda mucho al “arte póvera” o al “land art”. Pero también están los que hacen uso de la tecnología, algo que se ha visto en la década del 70 con los video artes o las performances. Asistí a una performance de la Bienal, en que el artista hacía combinaciones de sonidos molestosos y que a más de uno le dio jaqueca. Sin embargo, se sintió que a la Bienal le faltó algo más. Quizás una idea más innovadora, o quizás se necesitó más espacio. No asistí a las otras bienales, pero escuché de muchos que ésta fue más floja, y unos cuantos hasta quedaron decepcionados.
La última vez que visité la Bienal fue con mi ex novio. Él no estudiaba artes visuales, pero se quedó sorprendido con las obras que vio en las diferentes sedes. Cuando eso, volvimos a ver a la “Musa del barro”, que se sitúa en el Santander Cultural. Él se quedó prendido por los sonidos de las burbujas, por lo que se me ocurrió filmar la obra y subirlo por internet, para ver si causaba la misma impresión “en diferido”. Por un momento, sentí que cada persona interpretaba las obras a su manera. Y eso sería el sentido del “arte contemporáneo”, donde todos ven una obra y lo relacionan con lo que sienten o piensan en esos momentos.
Pensé en mí, en mi amigo que estudia lo mismo que yo y en mi ex novio que estudia otra carrera. Los tres somos de distintos países y los tres tuvimos diferentes sensaciones al ver esa y otras obras. Por lo tanto, con esa idea, realicé el video y lo subí por internet, pensando en todas las personas que no pudieron asistir a la Bienal y que desean ver las instalaciones de alguna u otra forma.
Y luego del video, investigué un poco sobre ese artista en específico. Es uno más que utiliza el reciclaje para sus obras. Más se lo conoce por sus pinturas. Y sin embargo, se escogió a “la musa de barro” para ser presentada en la Bienal. ¿Será por el tema de la Bienal”? En el discurso de la Bienal en sí da énfasis al tiempo y al espacio. Y muchas obras hacen el uso del espacio, así como también estimulan no solo lo visual, sino lo auditivo, con el uso de los sonidos. Algunas obras, incluso, sólo estimulan el oído. Y la “musa de barro” estimularía tanto la vista como el oído. Por un momento se siente esa necesidad de acercarse a la obra y palparla, pero existe una fuerte barrera que lo impide, como la intervención de los mediadores. Y aquí el “arte conceptual”, que se supone debía romper con todos los esquemas de arte que se tenía en el pasado, retorna un poco al discurso de las artes de siglos anteriores (la obra única, intocable, lejana, hecha por manos de genios) lo que, irónicamente, también hace mención al tiempo transcurrido desde las primeras vanguardias hasta la actualidad.
A pesar de todo, la obra atrae y te lleva a investigar más sobre el artista que lo realizó. Cada uno puede interpretarlo a su manera, tal como debería ser el arte. El arte conceptual suele dejar muy de lado la obra en sí y se concentra más en el concepto de la misma. Pero en estos últimos años, muchos son los artistas que optan por estimular los sentidos, crear sensaciones en los espectadores. Incluso están los que optan por esmerarse más en sus obras y que las personas lo interpreten a su modo. Estas obras podrían tener un concepto en específico, pero cada uno tiene una lectura diferente “de acuerdo a los ojos de quienes los miran”. Y eso lo comprobé llevando a dos personas diferentes a la Bienal, de diferentes países y costumbres pero con el objetivo de realizar intercambios estudiantiles, como lo voy haciendo hasta la fecha.
Por cierto, cuando uno se encuentra con el estanque de lodo, ¿No sienten deseos de que salga “alguien” de ahí? Que salga una musa, formada por el barro, tal como el ser humano fue formado según el génesis de la Biblia.

Conclusión

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Actualmente, pareciera que ya no existiese la innovación en el arte. Todo se crea en base a algo ya existente. Lo que sería el “arte conceptual” ya lo había realizado Duchamp, hace décadas atrás, con sus diversas apropiaciones e instalaciones artísticas.
Esta Bienal también contiene todas esas características. Casi todo remite al pasado. Hasta se reutilizaron obras presentadas en décadas anteriores, como es el caso de “La musa de barro”. Incluso, esa misma obra, nos remite a una figura de la mitología griega que es la musa.
Existe un cierto rechazo hacia el “arte contemporáneo”, cosa que se ha visto en esta Bienal que también generó alguna que otra discusión, como normalmente pasa con eventos de arte contemporáneos como éstos. Será porque se hace uso de elementos “poco comunes” y, al mismo tiempo, “muy comunes” en las Bienales. O será porque existe una añoranza hacia el pasado del arte, donde todas las figuras estaban establecidas y tenían, prácticamente, un objetivo en común: reflejar la belleza. Y también existe aquel temor de que no existan más “genios”, los cuales puedan ser recordados en el futuro. En ese caso, se podría decir que ni Miguel Angel ni ningún otro artista del pasado sabía que serían recordados por siglos. Así que, tal como había establecido en el primer capítulo, hay que dejar pasar el tiempo para poder sacar nuestras propias conclusiones. Al menos, esperaré a sacar las mías y definir mi camino en el ámbito del arte.

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