Retrato Grecolatino

SIGNIFICADO DE “RETRATO”

La palabra “Retrato” proviene del latín retractus. Es la representación de la figura humana que sugiere su apariencia física, carácter y personalidad. La primera definición de retrato es aquella que se refiere a la expresión plástica de una persona a imitación de la misma. Normalmente predomina la cara y su expresión.

Pueden ser dibujos, pinturas, esculturas, grabados o incluso fotografías. Se encuentran desde los retratos en miniaturas (ya sea en monedas o postales) hasta retratos en grandes escalas (como las efigies egipcias).

Los retratos pueden servir para muchos propósitos. Algunos cumplen funciones políticas, como símbolos del Estado. Para esto, se reproducen el rostro de un mismo gobernante o político de diferentes maneras y se hacen varias copias de la misma. También están los retratos de tipo formal e idealizadas, que se usan más bien para el ámbito funerario. Pero, principalmente, se usa el retrato con el propósito de “inmortalizar” el recuerdo de una persona y de crear una imagen histórica del mismo.

RETRATOS GRECOLATINOS

En realidad fueron los romanos quienes crearon los primeros retratos realistas. Se conservan muy poco de los retratos griegos y, la mayoría, son copias romanas que se hicieron durante la antigüedad.

Los griegos se caracterizaban por sus esculturas idealizadas, modificando la apariencia real del personaje de acuerdo al criterio del artista. Los romanos, en cambio, se caracterizan por ser realistas e, incluso, captan mejor las expresiones de las personas retratadas.

  1. a.    El arte griego en tres etapas

Si se analizara el arte griego, se podría dividir en tres etapas: la arcaica, la clásica y la helenística.

En la arcaica, que data entre los siglos VII y VI antes de Cristo, las primeras estatuas humanas estaban hechas de madera. También en este periodo, emergió el concepto de representación individual como obra de arte. El único retrato de la época, que se podría considerar fisonómica, es el Platón de Silanion. Actualmente solo se conservan las copias que se hicieron de la misma en la época romana.

En la etapa clásica, que abarca los siglos V y IV antes de Cristo, se caracterizan las esculturas  con acertada precisión y belleza en la representación del cuerpo humano. Los retratos más característicos de esta época son los retratos de Aristóteles, Sócrates y Eurípides. En éstos están presentes una fuerte connotación sicológica coherente con los méritos de la vida real de los personajes,

Por último, en el periodo helenístico y antecesor de la cultura romana, se destacaron las esculturas de las Afroditas desnudas. La más famosa es la Venus del Milo. Los retratos característicos de esta época son los retratos de Demóstenes, Diógenes y Aristófanes. También durante esta época se difundieron el retrato honorífico y el funerario.

  1. a.    El retrato romano

El retrato romano tuvo su origen en el arte helenístico. Aunque también podría tener su origen en el arte etrusco.

Originalmente eran bustos que solo recogían la cabeza y parte del cuello. Poco a poco, también se le agregó los hombros y el pecho. Los romanos también crearon retratos de cuerpo entero, siendo los emperadores los más retratados de esta forma. De esta forma, se reconoce tres tipos de retratos: Togatos, Toracatos y Apoteósicos. En los retratos togatos se esculpen al emperador con toga y manto sobre la cabeza, representándolo como máximo pontífice. En los retratos toracatos, en cambio, se retratan al emperador como un militar, vestido con su coraza. Y en los retratos apoteósicos, en cambio, se representa al emperador de una manera divinizada, personificando a algún Dios romano.

Durante la República, los retratos poseían un gran realismo y con los rasgos faciales muy acentuados. Un retrato muy característico de la época es el retrato de Pompeyo, en donde se puede deducir su carácter debido a la expresión de su rostro. Actualmente se sospecha que el retrato es una copia de uno anterior, aunque no hay nada comprobado.

En la época del emperador Augusto, el retrato se idealiza. Se crean retratos con motivo político, con la intención de transmitir un estado de perfección. Y aquí se ven cómo Augusto fue retratado con los diferentes estilos de retratos romanos mencionados anteriormente. De esta manera, podía demostrar el gran poder que tenía sobre los demás en su puesto de emperador.

Durante los siglos I y II, los retratos romanos tienden a un progresivo barroquismo. También es durante esta época cuando los ojos de los retratos tienden a ser tallados, siendo el primero el retrato de Adriano. De esta manera, los retratos tienden a ser más expresivos y con más movimientos. Algunos retratos recuerdan mucho a los antiguos retratos de la civilización griega.

En el siglo V, en cambio, los retratos se deshumanizan. Se tiende a un alejamiento del emperador de la sociedad, por lo tanto los retratos de esta época se podrían considerar “anti clásica”. En este periodo, se caracteriza el retrato de Constantino, quien anteriormente era una escultura de grandes proporciones y que actualmente se encuentra fragmentada. En él se pueden apreciar sus ojos, que son grandes y desproporcionados, alejándose completamente de lo que sería las características del retrato romano. Este retrato anticipa a la escultura bizantina, que se inició una vez que ocurrió la caída del imperio romano occidental y el florecimiento del imperio romano oriental.

Bibliografía: 

http://es.wikipedia.org/wiki/Retrato

http://www.profesorenlinea.cl/artes/Retrato.htm

http://www.arteespana.com/esculturaromana.htm

La República de Platón

La República es un libro que escribió Platón hace siglos atrás. Se trata de las charlas que tuvieron Sócrates y él con unos amigos, en donde hablan de cómo sería un Estado ideal y perfecto.

Comienzan hablando de la justicia, si solo tienen justicia los más fuertes o tiene que existir la justicia para todos. Sócrates, como siempre, asume que no sabe nada y que, para que haya justicia, tiene que haber una buena educación. No solo hay que educar al cuerpo, también al alma. Es en esta parte donde empiezan a modelar un Estado ideal, en donde todos tengan sus responsabilidades y a nadie le falte nada.

Primero, el pueblo debe estar gobernado por gobernantes. Éstos no deben poseer objetos de lujo ni caer en la vanidad ni en el placer. En una parte sostienen que son los filósofos los que tienen que gobernar, dado que son ellos los que “salen de las cuevas” para buscar “el significado de las sombras”. Son los filósofos los que cuestionan las dudosas creencias en que se basan las personas para realizar sus actos. Mientras la mayoría sostiene que las sombras son la única verdad, los filósofos son los que aseguran que es el sol quien forma a las sombras.

En todo gobierno deben de haber soldados que defiendan al pueblo. Estos soldados no solo deben ser entrenados físicamente, sino también en el alma. Deben estar preparados para defender a los demás a toda costa y, sobre todo, tampoco caer en los lujos ni tener amantes, dado que todo eso podría perjudicar el alma y pensar más en el placer que en el bien del pueblo. La felicidad, en este ámbito, no es lo importante. El hacer bien el trabajo encomendado para el bien común, es cuando se encuentra la verdadera felicidad.

Mientras todos se encarguen de sus puestos, habrá justicia. Estas personas no solo tendrían buena salud física, también tendrían buena salud del alma. Todo eso se logra con una buena educación, entrenándolos desde pequeños para ser personas fuertes y responsables. Otro detalle a aclarar es que, no solo los hombres asumen altos puestos de autoridad. También las mujeres deben tener la misma educación que los guardianes. Ellas también tienen las mismas capacidades que los hombres, solo que en menor grado. Tanto hombres como mujeres pueden trabajar en conjunto para un mismo fin.

Los filósofos reconocen tres tipos de Estados ideales de un pueblo: la monarquía (gobierno de uno), la aristocracia (gobierno de algunos) y la democracia (gobierno de todos). Y también existen sus contrapuestos: si el monarca da abuso de su autoridad sin atender los intereses del pueblo, su gobierno se convierte en tiranía. Pasa lo mismo con la aristocracia, en donde si existiera un estado de corrupción en la misma, se convertiría en oligarquía. Y la democracia debe trabajar duro para no caer en una demagogia. Y esas contrapartes se originan cuando el o los gobernantes son personas egoístas, que usan la violencia para lograr sus propósitos y esclaviza al pueblo sumiéndolos en la pobreza, sin prestar demasiada atención en la salud y la educación.

Al final de esta larga charla, Sócrates termina la discusión con esta frase propia de su sabiduría: El alma, es lo bastante fuerte para tolerar todos los bienes y todos los males; sin embargo, guiada por la inteligencia, debe seguir el camino del bien y practicar la justicia, para que cada uno sea el mejor amigo de sí mismo y de los dioses, haciéndose acreedor a una verdadera inmortalidad.

Rosa Luxemburgo

En la época de los cambios ideológicos, en que se debatía sobre comunismo y capitalismo, una mujer fuerte y valiente dio unas aportaciones polémicas a lo que sería el debate socialista. Esta mujer era nada más ni nada menos que Rosa Luxemburgo.

De ascendencia Polaca o Rusa, esta mujer se trasladó a Alemania y ahí se unió a lo que sería el Partido Comunista Alemán. En la universidad de Zurich estudió, al mismo tiempo, economía, filosofía, historia, política y matemáticas. Tuvo que contraer matrimonio con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana. Juntos abogaron por la necesidad de una revolución para lograr un cambio real, en contra de los que apoyaban los postulados del revisionismo. Todo eso conllevó al que el partido en donde estaba en esos momentos (la social demócrata) se enemistara con ella.

A pesar de ser llevada a prisión en varias ocasiones, esta mujer no dejó de luchar por sus ideales. Incluso tuvo que renunciar a formar una familia con tal de lograr sus objetivos. Apoyaba enteramente la huelga de las masas, así como también criticaba el leninismo organizativo y confirmaba la capacidad creativa de la clase obrera. Para ella, todos los partidos izquierdistas eran representados, así como los partidos derechistas, por una minoría. Afirma, usando las palabras de Lenin, que, así como el Estado burgués es un instrumento de opresión a la clase trabajadora, el Estado socialista oprime a la clase burguesa. Para ella, el cambio solo puede darse con la libertad política. Y lo afirma con estas palabras: “La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”

La ausencia de la democracia solo conduce a la degeneración política. Eso lo sabía muy bien Rosa que, con sus propias palabras, reflexionó sobre el posible destino de la revolución: “En lugar de los organismos representativos surgidos de elecciones populares generales, Lenin y Trotski implantaron los soviets como única representación verdadera de las masas trabajadoras. Pero con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los soviets también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo”

Antes de que estallara la primera Guerra Mundial, Rosa participó en el V Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en Londres y en el Segundo Congreso Socialista Internacional en Stuttgart en el año 1907. Ahí propuso que todos los partidos izquierdistas se unieran y combatieran al imperialismo, un enemigo común para todos los izquierdistas europeos. Pero cuando estalló la Guerra Mundial, la unión de los socialistas no se produjo y, al final, los derechistas ganaron terreno en el ámbito político.

Rosa fue acusada de incitar a los soldados a la rebelión, por lo que fue llevada a la cárcel. Durante su estancia, escribió “La Crisis de la Socialdemocracia”, donde demostró que la guerra es consecuencia de un determinado desarrollo del capitalismo internacional. Después de la guerra, Rosa y un grupo de personas repartían folletos y propagandas que incitaban a la revolución en contra del Estado. Aunque el partido socialista fue completamente desplazado por los capitalistas del momento, el grupo todavía seguía con sus publicaciones y sus trabajos. Esto ocasionó que Rosa volviera a la cárcel y fuese cruelmente torturada y maltratada por sus ideales. Finalmente, en el Hotel Eden, Rosa fue asesinada por un golpe del fusil de un soldado el 15 de enero de 1919, a la edad de cuarenta y ocho años. Su vida fue corta, pero la aprovechó a lo máximo para lograr sus objetivos y sus sueños de libertad. Por varios meses no se encontró su cadáver, hasta el 31 de mayo del mismo año, donde lo encontraron en un canal. Días después, se celebraría su entierro.

Años después de su muerte, las personas la recordarían como una revolucionaria, que apoyaba el socialismo y la libertad. También fue conocida por sus escritos, en donde especificaba claramente lo que quería y sentía. Pero sus mejores escritos son aquellas que van más por lo sentimental: las cartas de amor que fue escribiendo a su amado en contadas ocasiones. De esta manera, se revela el lado tierno y pasional de una mujer lúcida y de carácter fuerte que, día a día, luchaba por tener su lugar a pesar de su condición de mujer. Son en esas cartas donde, posiblemente, descargaba sus sentimientos y sus desilusiones sobre su lucha y su vida cotidiana.

En una de sus cartas, pareciera que estaría suplicando a su amor a que regresara. A continuación, se redactará un fragmento de la carta tal como Rosa lo ha escrito:

“Querido, ¿cuándo terminará esto? Empiezo a perder la paciencia, no se trata del trabajo, sino únicamente de ti. ¿Por qué no has venido aquí, a reunirte conmigo? Si te tuviera conmigo, ningún trabajo me daría miedo. Hoy, en lo de Adolfo, en medio de la conversación y de los preparativos de la proclama, de golpe sentí en mi alma tal fatiga y tal nostalgia de ti que casi grité en voz alta. Tengo miedo de que el antiguo demonio (el de Ginebra y Berna) salte de pronto en mi corazón y me conduzca a la estación del Este” (Paris, 5 de abril de 1894)

Otro ejemplo de una carta de Rosa, en la que muestra aquel sentimiento propio de una mujer enamorada, es esta:

“No puedo trabajar. Mi pensamiento se vuelve hacia ti constantemente. Es necesario que te escriba unas líneas. Querido mío, mi amado, en este momento no estás aquí, cerca de mí, pero toda mi alma está llena de ti, te abraza.(…) Quiero amarte, quiero que reine entre nosotros esa atmósfera dulce, confiada, ideal, como era entonces. Tú, mi querido me comprendes a menudo de una manera simplista. Siempre crees que gruño porque te vas o algo parecido. Y no puedes concebir que lo que me daña profundamente es que nuestra relación es para ti algo estrictamente exterior. Oh, no digas, mi querido, que no comprendo, que no es exterior de la manera en que yo lo entiendo. Sé, comprendo lo que eso quiere decir, comprendo porque siento” (Suiza, 16 de julio de 1897)

En estas y otras cartas más, esta luchadora refleja un sentimiento de amor. Más bien, un deseo de tener una vida tranquila, al lado de la persona a quien ama, en donde puedan vivir juntos en una casa y formar una familia feliz. Lastimosamente, esos deseos no pudieron ser cumplidos. No pudo realizar el sueño de ser madre ni tampoco de vivir al lado de su querido. Es más, empieza a sentir rencor por ser arrastrada al mundo de la política a causa de él. Y en esta corta carta, refleja ese rencor diciendo:

“Te he odiado porque tú me encadenaste a esta actividad maldita. Ayer estaba dispuesta a largar de un golpe esta maldita política, o más bien su parodia sangrienta, y a “silbar” sobre el mundo entero” (Berlín, 30 de abril de 1905)

Muy pocas son las mujeres que lograr mezclar varios sentimientos a la vez. Rosa supo hacerlo mediante sus cartas y escritos, demostrando que era una mujer inteligente y culta, sin dejar de lado su lado pasional y tierno. Como toda persona, ella se manejaba por medio de lo que sentía en esos años de lucha ideológica. No se sabe bien si sintió desilusión al ver que sus sueños no se cumplían. De seguro, y juzgando por sus cartas, hubo momentos en que no quiso saber más nada y dejarlo todo para vivir en paz. Pero sentía una gran responsabilidad por el pueblo y la política, por lo que tenía que volver a levantarse, trabajar y no parar de reclamar libertad y que las personas se rebelaran en contra del régimen establecido en ese entonces. Por lo tanto, hay que tener en cuenta la forma en que llevó a cabo su lucha diaria. Una lucha que perduró durante toda su vida, hasta el día de su asesinato. Por suerte, quedó su recuerdo y sirvió de ejemplo para todos aquellos que, día a día, luchan por sus ideales y sus pasiones sin importar las consecuencias que lleven sus actos.

Canales de Youtube

¡Buenas! Aquí les comparto los dos canales que tengo en youtube. Una es donde publico videos varios, ya sea grabaciones caseras, stop motion y demás. Y la otra es donde subo cualquier grabación que hago de por ahí, así como también subo sobre poemas que leo para practicar mi dicción. Los canales se llaman “Solestelar” y “tekoreismo”. La primera ya tiene sus años, lo creé por el 2007 y, la verdad, nunca fui tan asidua de los videos. La segunda la creé hace poco. El objetivo es subir más videos que de costumbre, ahora que sí le voy tomando ritmo al youtube y se volvió también más fácil subir videos. Así que les enviaré dos enlaces, ambos de los dos canales, para que puedan ver estos videos. Espero les guste 😀

Presentación del canal “tekoreismo”

Un video del canal “Solestelar”

La “conquista religiosa” y la resistencia indígena

La luz del sol entra por los portales y las ventanas mientras que, desde una buena distancia, se escucha el sonido del martillo moldeando un gran trozo de madera. Dentro del taller, se ve a un grupo de indígenas esculpiendo la figura de la Virgen María. Después procederían a lijarla, entintarla y tenerla lista para trasladarla al altar. O, al menos, eso es lo que uno se imagina cuando contempla las imágenes de la Virgen y los demás Santos hechos por los indígenas de las reducciones Jesuitas y Franciscanas.

Los misioneros hicieron un buen trabajo al proceder con la “evangelización” de aquel grupo de almas “puras e inocentes” que, al estar en contacto directo con la naturaleza, tenían una mayor sensibilidad hacia lo “místico”, lo “desconocido”. No es de extrañar que algunos investigadores actuales, como Sustersic, sostienen que los indígenas comprendieron la religión cristiana, mucho mejor que los conquistadores e incluso los evangelizadores. Sin embargo, siempre ha habido una que otra resistencia con respecto a lo que les plantearon los sacerdotes misioneros. Por lo tanto, las preguntas serían: ¿Cómo los misioneros lograron convertir a los indígenas a la religión cristiana católica? ¿Por saqueos? ¿Armas? ¿Por la música? ¿O por las imágenes? Según algunos testimonios, la clave de aquella “conquista religiosa” fue la figura de la Virgen María.

Los indígenas sintieron una gran devoción a la imagen de la Virgen. Y eso se puede apreciar al ver las pinturas y las esculturas que se hicieron basándose en ella. Por ejemplo está la Virgen de Habiyú, la única pintura que cuenta con la firma de su autor. Esa Virgen, si bien está de semiperfil, su mirada va directa al espectador. Por esta y otras tallas, se podría sostener que a los indígenas siempre les ha impactado el poder de la mirada, que refleja el alma de las personas y sus verdaderas intenciones. Las tallas de madera de la Inmaculada son rectas, respetando la forma cilíndrica del árbol en que fue tallada, todas con la mirada al frente. La Inmaculada que se encuentra en San Ignacio Guazú, es el reflejo de toda una “Kuña Guazú”, reina y jefa de la familia tal como el indígena concebía a la madre. Quizás por ser la madre capaz de poner a sus hijos como primera prioridad, la que los tuvo nueve meses en su vientre, los limpió, alimentó y los amó durante su infancia, fue que los indígenas, posiblemente, sintieron una gran devoción por la Virgen, reina y madre del hijo de Dios y de la humanidad.

Por años se ha dicho que los indígenas solo eran unos copistas, que carecían de aquella destreza que les hubiese permitido realizar figuras desenvueltas. Sin embargo, a muy pocos se les ha ocurrido pensar que, posiblemente, los indígenas no estaban interesados en realizar sus esculturas como los modelos europeos. La belleza, para los indígenas, es diferente al concepto de belleza de los occidentales. Esa es una realidad actual y lo era en tiempos de las reducciones.

Los misioneros contaban con postales y estampillas de Santos. Todos ellos poseían mucha soltura en sus trazos y telas, así como también casi siempre se encontraban mirando al cielo. Los indígenas rechazaron esas imágenes y las hicieron tal como querían que fuesen siempre: rectas y con la mirada al frente. Con la llegada de Brasanelli, se destacó aún más aquella rebeldía por las imágenes que les mostraban los evangelizadores. Brasanelli les mostró el modelo Barroco que abundaba en Europa y realizó esculturas de Santos y Vírgenes que todavía se conservan en algunos templos. Los indígenas lo boicotearon y siguieron realizando sus tallas según sus propias interpretaciones de la religión conquistadora. A ellos no les decía nada, por ejemplo, que la Virgen María, casi una niña, estuviese de rodillas mirando al cielo con una mirada de piedad. O que Jesús, el hijo de Dios, estuviese con la cruz y con la mirada directa al cielo. Aquello no les parecía “lindo”. Lo “lindo” sería que mirasen al espectador, infringiendo seguridad y confianza.

Los conquistadores tardaron mucho en comprender el punto de vista de los “inocentes” indígenas. O quizás nunca lo comprendieron del todo. El europeo, por lo general, siempre ha estado metido en su cultura y religiosidad, hasta el punto de querer imponer a las otras culturas “incivilizadas” su propia cosmovisión de las diferentes figuras religiosas que existen en el Cristianismo. Como Cristo es el portador de la Verdad, sienten la necesidad de invadir otros continentes para transmitir aquella “Verdad” a los pueblos “desafortunados”, que no pudieron acceder a los beneficios del Catolicismo por estar distantes o “estancarse” en el pasado.

Hoy en día todavía se puede ver aquel rastro del narcisismo occidental. Aún existen los europeos que ven a los latinoamericanos como “indios” o “incultos”. No se percatan de que son ellos los “incultos”, que saquearon, profanaron y despreciaron las diversas creencias y costumbres de los pueblos indígenas. Ningún europeo jamás se pondría a investigar sobre las iglesias jesuíticas y franciscanas. Ni siquiera se detendrían a observar los detalles de las tallas, las esculturas, las volutas, las columnas y otras obras de arte hechas por indígenas conquistados por los sacerdotes misioneros. Los indígenas fueron conquistados, pero no es como siempre nos han enseñado de pequeños cuando íbamos al colegio o al catecismo y estudiábamos la historia de las reducciones jesuitas y franciscanas. En muchos libros de historia se presenta al indígena como un ser sumiso, que voluntariamente se entregó al conquistador y aceptó la religión impuesta por los mismos al realizar las esculturas de madera. En realidad hubo casos de rebeliones, saqueos, donde murieron muchísimos europeos e indígenas y donde, también, se destruyeron o desaparecieron varias esculturas y pinturas. Sin embargo, como los indígenas perdieron aquellos enfrentamientos, fue el europeo el encargado de escribir y tergiversar la historia para las generaciones posteriores. Solo existen pequeños archivos, ocultos detrás de varias carpetas, que de vez en cuando son puestas a luz para analizar la historia e intentar unir algunas piezas faltantes que puedan explicar el pasado y el presente de nuestra cultura y sociedad.

Hasta ahora siguen los saqueos de las figuras jesuitas y franciscanas. Al visitar los diversos templos que todavía conservan aquellas obras de arte indígena, se puede ver los rastros del saqueo. O, en el peor de los casos, del deterioro de las estatuas y de las iglesias en general. Es difícil realizar buenas restauraciones, ya sea porque no existen los tintes que los indígenas aplicaron a las imágenes o, ante una mala manipulación de los mismos, se pueden destruir por completo. Algunas se dejaron tal como están, con el propósito de analizar el año aproximado en que fue creado usando los métodos modernos de la investigación de obras de arte antiguas. Las que fueron restauradas (en este caso, mal restauradas), quedaron muy lejos de lo que eran de antaño. Perdieron por completo su esencia, quedando como figuras de mala calidad que solo destruyen el forzoso trabajo que al tallista le costó realizar al modelar dicha figura. Incluso muchas iglesias están lejos de ser visitadas o frecuentadas por turistas o espectadores, que podrían estar interesados en apreciar o investigar sobre el arte barroco guaraní.

Y para terminar con el escrito, se podría concluir que toda cultura conquistada por otra se ve en la obligación de adoptar las costumbres y tradiciones impuestas por los conquistadores. Sin embargo, los conquistados no necesariamente tienen que asumir por completo la cosmovisión de los invasores. En el caso de los indígenas, que fueron forzados a creer en la religión de los evangelizadores, decidieron reinterpretar el cristianismo y adoptarlo según las costumbres y tradiciones de los ancestros. Gracias a eso, y al observar aquellas esculturas que todavía se conservan de diversos templos franciscanos y jesuitas, podemos apreciar la huella que los indígenas conquistados dejaron para la posteridad. Y esas marcas tienen cierto aire europeo, pero modificado e interpretado según el punto de vista del indígena. Quizás como queriendo decir cómo ellos deseaban que fuesen los Santos cristianos o cómo ellos creían que eran los conquistadores y evangelizadores en general.

Bibliografía: 

Sustersic, Bozidar (2010) “Imágenes Guaraní-Jesuíticas” Asunción, Ed. Arte Nuevo-Montero 1665