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Ya lo había dicho una conocida programadora del siglo XIX llamada Ada Lovelace: “Nadie sabe el potencial que encierra este poderoso sistema; algún día podrá llegar a ejecutar música, componer sinfonías y complejos diseños gráficos”. Por supuesto, se refería a la máquina analítica de Charles Babbage, quien lo había diseñado para cálculos de logaritmos y otras funciones trigonométricas. Y es de suponer que tanto ella como otros de su época, ya tenían una cierta idea de lo que representarían esta clase de máquinas en el futuro.
Tuvo que pasar casi un siglo para que las palabras de Lovelace se hiciesen realidad. Hoy en día existen programas informáticos con el cual se puede componer música y hasta crear programas de síntesis de voz que sean capaces de cantar. Por ejemplo, existe una famosa aplicación de Yamaha llamada “Vocaloid”. También están los programas informáticos en las que se pueden dibujar, pintar y realizar complicadas manipulaciones fotográficas. Por ejemplo, el “Photoshop” y el “Ilustrator”. Muchos artistas experimentan con los avances tecnológicos para realizar sus obras de arte. Así se pueden apreciar interesantes instalaciones de videos digitales, fotografías manipuladas o pinturas digitales que, a simple vista, parecen pinturas al oleo.

En el ámbito artístico, es común escuchar la palabra “Net art”. El Net art es un género de producciones artísticas realizadas en y para la red. Uno de sus principales exponentes es Daniel García Andújar, un artista visual español cuyo trabajo gira en torno a la democracia y la desigualdad social, donde reflexiona los problemas causados por el uso de los ordenadores y las tecnologías. Otro exponente es Gustavo Romano, quien creó un proyecto, en la cual, un robot conectado al internet recitaba poesía en base a material textual que el sistema buscaba en la red. Otra manera de utilizar la tecnología para crear obras de arte es realizando audiovisuales o video arte. Bill Viola es quien utiliza estos recursos que le ofrece la avanzada tecnología para realizar sus trabajos, en donde se enfoca sobre la condición humana y su relación con el mundo. En el ámbito del arte digital también se puede mencionar las instalaciones interactivas, la fotografía digital, la pintura digital, la escultura digital, computación gráfica y el retoque fotográfico.
Como siempre pasa cuando alguien utiliza algo que, normalmente, otro no lo utilizaría para realizar sus trabajos, se generaron diversos dilemas sobre la tecnología y el arte. Tanto los críticos, como los teóricos y demás estudiosos, no saben realmente qué rumbo está tomando el arte, dado que la misma se realiza sobre códigos informáticos virtuales sin base alguna. Un investigador alemán, llamado Hans Belting, señala su preocupación sobre el arte digital. Para él, la imagen necesita de un medio para poder corporizarse, en la cual solo por medio de las imágenes nos liberamos de la sustitución del cuerpo, a la cual podemos mirar a distancia. Sin embargo, con las imágenes digitales, que se encuentran almacenadas en una base de datos, contradice el concepto de medio y el concepto de imagen. Otro investigador, llamado José Jiménez, señaló que existe una revolución antropológica que se manifestó por el auge de las “nuevas tecnologías” aplicadas al arte. Para él, no es que las nuevas técnicas operan hacia la desmaterialización del objeto, sino que simplemente implican la aparición de “nuevas formas de materialidad”, donde el soporte último de las obras es numérico. Los códigos digitales podrían compararse con las operaciones del cerebro humano. Son dos teorías, o pensamientos, que señalan estos investigadores y que plantean el verdadero significado del uso de la tecnología para crear obras de arte.
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Son varios los artistas virtuales que asumen el uso de la tecnología para realizar arte. Y también son muchos que desean democratizar la tecnología para que todos puedan acceder a ella. Así es como, con esos programas informáticos, una vez que una persona pueda interpretar sus diversas funciones, puede crear imágenes, videos o música. Sin embargo, los artistas no quieren limitarse a una imagen fija, o a un único sonido musical, o a un simple video lineal que tiene comienzo y tiene final. Desean que todos participen, tomen una imagen, la retoquen, la alteren y la suban por internet para que otros sigan el mismo procedimiento. Pasa también con la música, en que se mezclan diferentes estilos musicales, lo cual no es del agrado de muchos conservadores. Pasa lo mismo con la narrativa. Normalmente un cuento o novela tiene un comienzo y un final. Sin embargo, con programas informáticos, se puede crear diferentes versiones de una misma historia, de manera a que la misma tenga diferentes finales o tramas alternativas unidas a la historia principal. En el ámbito del cine, se crearon los efectos 3D para que el espectador pudiese sentir a los personajes cerca de él, que sienta que los objetos lanzados al aire salgan de la pantalla y se estrellen contra la pared del salón. Incluso, se ha planteado que, en el cine del futuro, sea el espectador quien se encuentre en la película, que todas las escenas ocurran a su alrededor y no frente suyo, sentado cómodamente en una silla mientras ve la película desde el comienzo hasta el final.
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Lo que temen muchos teóricos es que, al final, sean las máquinas y los programas informáticos quienes tengan todo el mérito por la obra de arte. Llega un punto en que no se está seguro si es una persona la que controla la máquina, o es la máquina la que controla a la persona. Por lo tanto, sería importante que quien se encargue de hacer arte digital o cualquier otro procedimiento en base a los programas informáticos, deba tener bien en claro lo que desea hacer. Debe tener conocimiento del espacio virtual, sus aristas, sus ventajas y desventajas. Incluso debe saber cómo actuar en dicho espacio, entender las herramientas que se le presentan y la capacidad de llevar a cabo sus principales objetivos. Quieran o no los críticos y teóricos, el arte digital seguirá avanzando. Es una tendencia que influye a todos y que intenta romper con viejas normas y pensamientos que la sociedad ha llevado a lo largo de los siglos. Si bien están los que vuelven a mirar hacia el pasado y replantean la idea de volver a lo “real”, a lo “tangible”, no pueden evitar que se sigan usando los programas informáticos para crear obras de arte. Un cantante puede seguir componiendo sus músicas “a lo tradicional”, mientras que, por el otro lado, el “Vocaloid” popular que tiene el aspecto de una chica llamada “Mikuru”, seguirá cantando con su voz electrónica y generando fans de ese movimiento electrónico musical. Los pintores seguirán pintando al óleo, acrílico, témpera o acuarela y seguirán exponiendo sus obras de arte en las galerías o museos mientras que, por el otro lado, los pintores virtuales seguirán pintando sus cuadros con ayuda de la tableta digital y el photoshop para, luego, exponerlo en su blog o en una página web dedicada al arte. Un escritor seguirá publicando sus escritos en libros, panfletos o revistas mientras que, por el otro lado, estará el que prefiera subir sus escritos por la red y que, la misma, tenga diferentes tramas narrativas de una misma historia.

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Lo importante, en este caso, es replantearse el concepto de arte, así como también qué es lo material y si la misma permanece o no con el tiempo. Lo tangible no garantiza la durabilidad. Son muy pocas las obras de arte de la Antigüedad que permanecieron en el tiempo. El arte virtual se almacena en la memoria de un ordenador o en cualquier otro dispositivo digital. Aún así, eso no quiere decir que no transmita las mismas sensaciones que un cuadro al oleo, o una escultura de mármol, o una sinfonía plasmada en pentagrama. Y también, lo importante es replantearse el papel del artista en la sociedad actual, su postura con respecto a los avances tecnológicos y su visión sobre el futuro. Los programadores, diseñadores y demás teóricos del siglo XIX tenían una teoría sobre lo que serían las máquinas del futuro. Aunque, de seguro, no sabían que llegarían tan lejos como para poder fusionarnos con ellas tanto en cuerpo como en la mente. Porque, aunque no deseamos admitirlo, hemos adoptado la tecnología como parte de nuestro cuerpo y extensión de la mente. El arte siempre ha sido la extensión de la mente del artista, así como también una realidad virtual o alternativa representado desde el punto de vista del artista. El arte digital viene a ser lo mismo, donde se intenta representar aquella realidad virtual o aquella extensión corporal y mental en diversos puntos del mundo para que todos, sin excepción, puedan acceder a dicha obra de arte.

Bibliografía:

Libros:
Belting, Hans (2009) “Antropología de la imagen” Buenos Aires, Ed katz
Jiménez, José (2004) “Teoría del arte” España, Ed. Tecnos

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